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Formas de Publicar

domingo, 14 de agosto de 2011


Dos semanas sin actualizar el blog, la culpa la tiene un bloqueo de ideas, motivado por la total inmersión en el final de mi trilogía, que me está robando muchas horas de sueño y me está dando algún que otro dolor de cabeza. ¿Pero para qué están los amigos en estos casos? Para sugerirte ideas.
«María, que ya toca actualizar el blog, danos una entradita, anda», me dicen alguno, a lo que yo respondo: «Sugiere, sugiere», y claro, sugieren. Unos quieren que hable de mi forma de escribir, de si tengo manías, de si tomo notas… otros de cómo nació mi afición, sobre qué trataban mis primeros escritos. Y sí, a riesgo de parecer arrogante, dueña de un ego asqueroso y que ando besándome al paso de cada espejo, lo voy a hacer. Pero hoy no, hoy voy a hablaros de manuscritos, editoriales y publicaciones. Como siempre, desde mi punto de vista, absolutamente personal y sujeto a equivocaciones y malinterpretaciones.
Bien, acabamos de poner el punto final a nuestra obra, tras muchos meses de trabajo, correcciones, pulidos y de algún que otro bajón en el que las ganas de abandonar nos rondaban, porque tras una nueva lectura, seguíamos encontrando nuevas faltas que parecían multiplicarse como setas.
¿Y ahora qué? El escritor escribe porque quiere, puede y le gusta. Y aunque algunos no se atreverán a reconocerlo, también escribe con la intención de ver su obra publicada y en las estanterías de las librerías; y puestos a pedir, en un lugar privilegiado donde todo el mundo pueda verla, rodeada de bonitos carteles y con marcapáginas de regalo.

¿Y cómo llegamos a eso? No nos engañemos, sólo unos pocos consiguen ver su obra en la mesa de novedades. Son muchos los que escriben, el mercado está saturado y no hay sitio para todos. Pero por intentarlo que no quede. En mi caso hice lo que muchos, preparé una propuesta editorial en la que intenté vender mi obra de la mejor manera. La acompañé de una sinopsis y unos capítulos de muestra, y me dispuse a enviarla a una serie de editoriales y agencias que formaban parte de un listado confeccionado por mí. Aquellas que se ajustaban a mi obra. Evidentemente no vas a enviar una novela juvenil a una editorial especializada en libros de autoayuda.
Y ahora me adentro en la polémica. En mi lista no había ni una sola agencia o editorial que cobrara por adelantado, dicho de otro modo, me limité a las «convencionales». Aquellas que apuestan por el escritor porque confían en su obra, y que arriesgan su propio dinero para colocar tu libro en la calle de la mejor forma posible, porque tu beneficio es su beneficio (lo mismo ocurre con las agencias, un agente decide representarte porque está segur@ de que tu libro le reportará unos beneficios, e intentará colocarlo en la mejor editorial, conseguir traducciones, derechos audiovisuales, todo lo que esté en su mano para que triunfes, y lo hará por la misma razón: tu éxito será  su éxito).
Voy a centrarme en las editoriales. Cuando reciben un manuscrito, ya sea de manos de un agente o directamente del autor, este manuscrito pasa una serie de filtros con los que se decidirá si es publicable. Filtros ortográficos, gramaticales, de estilo, ritmo de lectura (todos ellos corregibles, desde luego, si la historia les atrae tanto como para pasar, hasta cierto punto, que no todo está permitido, de ellos) y, por supuesto, la historia, una trama que llegue al alma de lector. Todas estas cribas las llevan a cabo lectores profesionales que cobran por este trabajo, y ese dinero lo paga la editorial, indistintamente del veredicto. Cuando un lector selecciona la obra, es el turno del editor, leerá la recomendación y de paso tu manuscrito, y tomará la decisión final. Esa es la primera inversión que realizan en tu novela.

Una vez que el manuscrito tenga el visto bueno para ser publicado, empieza el proceso de edición, pasará por correctores que sugerirán cambios, arreglarán todo aquello que a nosotros se nos escapa (escribir es humano, corregir divino, ya que alcanzar la perfección en un texto es prácticamente imposible), habrá ilustradores que se ocupen de crear una bonita portada; y tras esto viene el proceso de impresión, distribución, publicidad… todo a cargo de la editorial, que sigue costeando los gastos, invirtiendo en tu trabajo en pro de unos beneficios. 

Tras estos pasos y dependiendo del tamaño de la editorial (las tiradas y distribución de la misma, dependen en su mayoría del capital que pueda invertir), tu libro estará en el mayor número posible de establecimientos.
Hay otras formas de publicar, que yo ni aconsejo, ni desaconsejo, eso depende de cada uno y de que sepa dónde se está metiendo. Existen otras editoriales, las que coeditan. Si acabáis eligiendo este tipo de edición, debéis tener mucho cuidado, ya que hay unas más sinceras que otras. Las hay que vienen de frente desde el primer momento y te dicen: «Esto es lo que hay». Son claras, realistas e intentan llevar a cabo un negocio con tu participación.
Pero también las hay que no te dicen lo que son hasta el momento de firmar el contrato, no sin antes, haberte lavado el cerebro con mil promesas pensadas para alimentar nuestro ego. Que suelen sacar al mercado ediciones sin corregir, plagadas de errores. Que imponen una venta mínima de ejemplares en una presentación que deja mucho que desear, ejemplares que probablemente sólo llegarán a nuestros amigos y familiares, y de los que tendremos que hacernos cargo económicamente si, al final, no se acaban vendiendo. Si tienes suerte y consigues una nueva edición, fíjate muy bien en la distribución que maneja la editorial, normalmente adolecen de buenas distribuidoras y los libros se pierden en un mar inmenso sin que lleguen a los lectores. De ellas depende la vida de un libro en gran parte.
Soy de la opinión de que alguien que cobra por adelantado, no se va a esforzar de la misma forma que alguien que obtendrá sus beneficios sólo después de que tú lo hayas hecho. Desconfía si te dicen que eres la nueva promesa literaria, que tu libro será todo un best seller, no olvides que estás pagando por publicar; y que entre estos profesionales, los hay desaprensivos que buscan el dinero fácil, ya sea aprovechándose de la vanidad del escritor o estafando sin miramientos.

La coedición es una forma más de ver publicada tu obra, y a no ser que tengas una emisora de radio o un tío dueño de un canal de televisión, te va a costar mucho despuntar.
Seamos realistas, nos guste o no, este negocio no es lucrativo para un escritor, no se puede vivir de esto. Si acaso, conseguirás notoriedad, pero eso sólo ocurrirá cuando una editorial más o menos reconocida y fiable  avale con una buena campaña la salida de tu libro, y no con tiradas pequeñas. Para llegar al gran público, las tiradas deben ser grandes a costa de grandes desembolsos económicos, y no todas pueden, cuanto menos las de coedición, que necesitan de tu aportación económica para poner en marcha el proyecto.
Aún así, si al final decidís apostar por la coedición, aseguraos bien de dónde os metéis. De que la editorial ha leído de verdad vuestros manuscritos, y es éste y sus posibilidades lo que le interesa, y no vuestro dinero. Tenéis derecho a exigir un análisis completo de vuestra obra, no un informe superficial (algunas ni esto), no basta con que compare tu talento al de los grandes mitos de la literatura. Desmenuzad el contrato hasta que tengáis claro cada punto y, si tenéis dudas, buscad ayuda de aquellos que sí saben.
Lo dicho, con esta entrada no pretendo influir en nadie, es mi opinión, nada más. Suerte en vuestro camino literario y que nadie rompa vuestros sueños.
Un abrazo.








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