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Sobre literatura, imaginación y otras locuras

martes, 13 de marzo de 2012



Hoy he estado hablando con un escritor sobre editores, agentes, manuscritos; sobre lo difícil que es conseguir publicar y la cantidad de cosas negativas que vamos encontrando en el camino hasta conseguir, con suerte, que uno de ellos se fije en nuestro libro. Entre otras muchas, ha dicho una frase que me ha llegado al alma: No dejes que te hagan odiar la literatura.

He pasado un buen rato pensando en ello, ¿de verdad podría acabar odiando algo que amo tanto como es escribir? Pues si es así, no quiero imaginar qué tendría que ocurrirme para llegar a ese extremo.
Escribir es mi vida, es la única forma que tengo de poder desvariar, soñar e imaginar, sin que nadie piense que estoy loca.

–¿A qué te dedicas? Escribo, quiero ser escritora.
–Ahhhhh –sonríen, intentando que no se les note que te miran como si tuvieras un marciano en el hombro–. ¡Qué guay! ¿Y qué estás escribiendo?
–Bueno, ahora estoy con una historia fantástica. Un chico guapísimo clavadito a Taylor Lautner que descubre que en realidad es un experimento genético, un prototipo de arma de destrucción masiva que el gobierno de un país de esos que nadie conoce, quiere usar para destruir al resto del planeta. Por supuesto, hay una historia de amor. Se enamora de  una chica preciosa, lista y sexy; amiga –mira tú por dónde– de la novia del cirujano experimental que conseguirá desactivarlo unas décimas de segundo antes de que provoque una fusión nuclear –suelto, al borde de la asfixia.
–¡Vaya, suena genial, como una peli!
–Sí, ¿verdad? –asiento emocionada.

Ha colado, ahora te miran como si fueras alguien especial. Lo que no he dicho es que, en realidad, eso es lo que estuve imaginando toda la tarde mientras hacía la colada y fingía planchar ropa, con mirada ausente tras haber visto la película Sin Salida. Y sí, yo era la prota. Lo admito, soy un fanfic con brazos y piernas y una sonrisa de lo más simpática. Y lo mejor es que, mientras soltaba la parida, una nueva historia para un libro tomaba forma en mi cabeza. ¡Dios, voy a necesitar cuatro vidas para escribir todo lo que tengo almacenado!

Vivir en las nubes debería asumirse como un estilo de vida más, no como un excentricismo, indicio de locura transitoria o… crónica, depende del caso. Mi ánimo, pensamientos y sueños cambian dependiendo de lo que esté leyendo o escribiendo en ese momento. Cuando me dio por la fantasía épica, era capaz de emocionarme a moco tendido mientras iba en el autobús, imaginándome escenas de lo más trepidantes y tiernas con mi Aragorn del alma. Si hasta caminaba con la agilidad y el sigilo de un elfo, algo que viene muy bien a la hora de escaquearte de la vecina de turno, que duerme de pie junto a la mirilla de la puerta. 

El terror casi me provoca un trauma, ahora lo dosifico, no porque me diera por vivir aterrada bajo la cama, sino porque tenía cierta tendencia a encariñarme con el psicópata de turno. Cuando empiezas a acariciar el cuchillo de la carne como si fuera el torso de Paul Wesley, es que tienes un problema. La literatura juvenil ha terminado de abrir la caja de los truenos, para ser más exactos, el género paranormal. ¡Cómo me gusta escribir historias de este tipo! ¡Me encantaaaaa! Acabo enamorada como una pánfila de cada uno de mis protagonistas masculinos y, mientras el romance dura, soy feliz como una perdiz. Me quieren, me miman, me adoran, me hacen sufrir, llorar, me ponen celosa... grrrr… y tras un final de película, mi peor defecto termina con todo de un plumazo: soy infiel por naturaleza. Así que tras mi primera historia de amor con William, mi vampiro atormentado, tan letal con una daga como Hellboy cuando amenazan a un gatito, vino Adrien, un ángel un tanto especial; intenso, pero no duró. Ahora me derrito con Nathan, un brujito caradura y con mal carácter, pero que me hace suspirar. No me lo puedo quitar de la cabeza, discutimos en el desayuno, en la comida y antes de dormir, tiene la fea costumbre de aparecer cuando estoy tomando un café con mis amigas. La última vez terminé de confirmarles que estoy loca de remate: ¿Quién tiene papel y lápiz? ¿Quién tiene? ¡Venga, que se me olvida! Acabé anotando cuatro palabras sin sentido en el iPhone y casi tengo que llamar a un especialista en códigos secretos para desencriptarlas. 

Gracias a que vivo en las nubes y que nunca dejo de fantasear, puedo escribir mis novelas.

No puedo evitar soñar despierta, imagino historias constantemente, mientras ando por la calle o destrozo la cocina intentando fabricar algo comestible o hago la compra; y el cine es mi perdición. He besado a Spiderman bajo la lluvia, sólo que la chorrada de hacerlo boca abajo la eliminé del guión, la mía era mejor. Le he salvado el pellejo a Batman (Christian Bale) infinidad de veces, y he visto atardecer junto a Conan mientras me decía: “Yo Conan, tú María”. Vale, eso es de Tarzán, pero es que a mí Johnny Weissmuller como que no. En cambio Jason Momoa, alias Khal Drogo, me baila la danza maorí y da dos sacudidas de melena y me tiene en el bote, y mira que la película era mala.

Y ya podéis imaginaros qué ocurrirá cuando estrenen la nueva película de Superman con Henry Cavill de protagonista. Sí, la loca de la noticia en el periódico al día siguiente seré yo. Mujer poseída por un extraño frenesí, salta desde una azotea gritando: ¡A qué no me coges!
Se nota que ahora me ha dado por escribir romance, ¿no?

¿Cómo voy a odiar algo que llena mi vida de tantas cosas maravillosas? La literatura, escribir, es una forma de vida. Contar a los demás historias que te emocionan y que te mantienen viva es lo mejor del mundo.

El problema es que sí se puede acabar odiando la literatura, cuando escribes con ilusión y después, cuando intentas cumplir tu sueño, sólo encuentras  editores o agentes que no se toman la molestia de contestar nunca, puertas cerradas y muchas trabas. Se necesita mucha paciencia para ser autor hoy en día. Confianza en el trabajo que hacemos y en que nuestras novelas tienen el alma necesaria como para encontrar el hueco que se merecen. Así que no dejéis que nadie os haga odiar la literatura, ¿vale?

Un abrazo.



26 comentarios:

  1. Ay, Dios, cuantas cosas en común xD

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    1. Eso es bueno, al final la gente va a tener razón y los escritores somos una especie aparte.
      Un besote, Susana!!

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  2. Me ha encantado verte relatar tus aventurillas con los personajes, creía que era la única a la que le pasaba esto xD
    Y no le des vueltas a lo de odiar la literatura. Cada persona es un mundo, y a ti se te ve con mucha ilusión, no dejes que comentarios ajenos te influyan en algo que es tan importante para ti (y esto parece sacado de uno de esos carteles motivadores y cursis, pero tú ni caso xD).

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    1. Jamás podré odiar la literatura, escribir novelas empezó siendo un hobby, ahora es adicción. No sabría vivir sin narrar historias.

      Besos!!!!

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  3. Es que el amor por la literatura debe ser como la autoestima: independiente de la opinión ajena :-)

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    1. Sí, una vez que lo tienes claro y te gusta lo que haces y como lo haces, lo demás no importa!!
      Un besazo, Gissel!!

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  4. Me encanta la entrada, y más aun que tengas esos ánimos arriba, nadie debe decirnos que abandonemos esta pasión, porque lo bueno es que hace que nos sintamos vivos. La imaginación es el arma más poderosa que tenemos, seríamos muy grises si no dispusiéramos de ella.
    Un besote

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    1. Los ánimos siempre están arriba, incluso cuando no lo parece. Escribir es una pasión indescriptible, hay que experimentarla para saber qué se siente!!
      Un beso enorme, Rocío!!

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  5. Me encanta cuando las entradas desprenden optimismo...nose, como que despues de leerte estoy un poco mas contenta.

    Me siento identificada contigo, cada vez que veo una peli o leo un libro me monto luego unas historias en mi cabeza...en todas soy la super protagonista. Y es que, ¿qué hariamos si no pudieramos soñas?

    Tu escribe, escribe, que aquí tienes una fan que no piensa dejar que te guardes tus historias solo para ti, que lo bueno es compartir ;).

    Un besazo mi niña.

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    1. Le alegra saber que he mejorado tu día, Cris!! Yo soy capaz de desvariar mucho, de mezclar realidad y ficción en mi día a día con una facilidad pasmosa. Y después salen las novelas como salen.
      Besos, mi niña!!

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  6. Escribir y soñar tienen mucho en común. Yo no pienso dejar de hacer ninguna de las dos cosas. Y tampoco pienso dejar que me hagan odiar la literatura.

    Me ha encantado.

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    1. Por supuesto que no, Mayte, no debemos de dejar nada que nos guste!!
      Besos.

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  7. Sin escribir palidecemos, sin lectores las obras se marchitan, sin respuestas nuestros ánimos desfallecen hasta convertirse en ascuas que se llevan nuestra inspiración.... ¡Ufffffffff! Por mucho que nos esforcemos en abandonar, y conste que yo una vez hasta quise ir al psicólogo para que me arrancara esta obsesión por escribir, la ilusión renace como un Ave Fénix dispuesto a barrer la angustia. ¡Así que sigue soñando! ¡Y escribiendo!!!! :-)

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    1. Un psicólogo para dejar de escribir? Conociéndote, ni por esas dejaría tú esa pasión. :)
      Besos, preciosa!!

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  8. sé lo que es perder la fe, la ilusión y la esperanza, y todo al mismo tiempo. También sé lo que es tener un montón de voces en la cabeza que gritan alegremente: "nos da igual que pienses que no puedes, que no sirves, que nunca tendrás suerte, que que publicar está cada vez más difícil; nos da igual que estés pensando en rendirte, que no abras el procesador de textos por pereza o por miedo, que intentes convencerte de que has dejado de creer en tu sueño. Tarde o temprano te pillaremos desprevenida y abrirás el office sin darte cuenta, y saltaremos a la página de tu ordenador, y no podrás evitar que te contemos nuestra histpria, porque estamos vivos, y lo sabes, y tú eres la primera que quiere saber qué hacemos, qué aventuras vivimos, cómo vamos a conseguir hacer realidad nuestros sueños y cumplir nuestro destino. Así que ríndete las veces que quieras, al final nosotros siempre ganamos".
    Y siempre ganan. Y afortunadamente lo hacen, porque yo gano también. Estoy viva porque tengo sueños. Y tengo la fortuna de poder ponerlos por escrito. Ya llegará el momento de que otros los lean. Porque tengo sueños, tengo fe.
    No es que no quiera rendirme, es que no puedo!!
    Y sé que tú tampoco.

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    1. Jamás me rendiré en este camino, hermanita. Te tengo a ti para recordarme que debo seguir adelante contra viento y marea.
      Un millón de besos. TQM.

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  9. Dios, me acojona que seas tan parecida a mí... me da canguelo!!!

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    1. Pues a mí me mola, Pedro!!! Y no doy tanto miedo :D
      Besos!!!

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  10. Jopé, tienes demasiada razón, ¡es hasta aterrador! :O
    María, yo también AMO escribir, ¿sabes? Y no me puedo creer que haya personas que te hagan odiarlo de esta manera...al final acabaremos todos tan quemados que terminaremos dedicándonos a cosas que no nos gustan.
    Mi padre y mi madre tenían sueños, uno quería dedicarse a una cosa y mi madre a otra; pero por sucesos del destino, ninguno cumplió su sueño, y yo no quiero ser así. Muchísima suerte en tu camino, ¡te la mereces!

    Besazos,
    María A. (Mª José)

    PD: El género romántico es uno de los más dulces y bonitos del mundo, ¡dejad de decir que es ñoño, leche!

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    1. Hay que luchar por los sueños, María. Sobre todo tú que estás empezando, si algún día conseguimos dedicarnos a lo que nos gusta, en este caso escribir, podemos considerarnos afortunadas. Al menos, yo habré conseguido uno de mis sueños!

      Besos!!!

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  11. Sin tiempo para quedarme mucho, pero asegurando una próxima visita para indagar en tu blog y tus escritos.

    Dejo mi huella, por si te apetece visitarla:

    www.misrelatos.es

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    1. Gracias por visitar mi rinconcito. Será un placer visitar tu blog!!

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  12. María,

    Es una buena premisa "que no te hagan odiar la literatura". Y veo que lo tenés claro.

    Una cosa es escribir (esa pasión que nos mantiene vivos), y otra publicar, o que los libros se vendan. Cuanto más aprendamos a separarlas, mejor.

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Alejandro.
      Tienes toda la razón, debemos mantenerlas separadas!!

      Un beso!

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  13. Este es un mundo gobernado por la validación excesiva de lo necesario y su confite feroz, la inmediatez. Entre la priorización de lo primero y la obligación con lo segundo, nos descubrirnos amantes de nuestro propio mundo de fantasías y decidimos recrearlo para los demás, lo que para mi es un acto dulce de generosidad y de atrevimiento. Cómo tu, María, acaso mucho más atrás, he decidido después de bajarme de muchas repisas, que dedicarme a esta labor me hace mejor hacia adentro y también hacia afuera...Con un poco de suerte, medio mundo terminará comprendiendo y después vendrá el resto...Muy buena entrada, amiga...

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    1. Gracias José Ignacio, coincido con tu reflexión al cien por cien.

      Un abrazo.

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Gracias por visitarme y comentar.

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