Más reflexiones sobre el mundo editorial.



Llevo un rato con la mirada perdida en la pantalla del ordenador. Acabo de leer dos artículos que me han hecho pensar, otra vez, que los tiempos editoriales están cambiando a una velocidad de vértigo. Sí, cuando mis ideas se apaciguan, me convenzo a mí misma de que la clave está en la paciencia y vuelvo a centrarme únicamente en escribir; una nueva información rompe la burbuja y no me queda más remedio que mirar fuera de ella y detenerme a ver qué está pasando.
La entrada que hoy ha publicado la escritora Blanca Miosi en su blog, y un artículo que he encontrado por casualidad en la red, han hecho que vuelva a reflexionar sobre los cambios que el mundo de la edición está sufriendo, se ha abierto una puerta que cada vez es más grande y que nadie podrá cerrar por muchos detractores que haya que aún abogan por los viejos tiempos.
En estos dos artículos se cuestiona el papel de los agentes literarios e indirectamente el de un gran número de editoriales tradicionales que, hasta hace poco tiempo, eran los reyes indiscutibles a los que se veneraba, temía, y que si fijaban sus ojos en ti, podías sentirte afortunado entre los afortunados, porque la buena suerte había llamado a tu puerta. Pues parece que hoy en día ya no es así. Ya sea por la crisis o por el elitismo de estos medios, son muy pocos los que consiguen publicar en una buena editorial, incluso yendo de la mano de un agente de prestigio.

Yo tengo mis propias conclusiones al respecto, en este país hay decenas de agencias literarias, que a su vez cuentan con decenas de escritores en su catálogo, un par de cientos o más en algunos casos, y todos ellos quieren publicar. Eso se traduce en un número ilimitado de libros que buscan un hueco en el mercado. Muchas de estas agencias seleccionan cuidadosamente con quién trabajan, a qué editores enviarán sus manuscritos, buscando así el mejor contrato, el mayor beneficio para sus autores y, a su vez, para ellos. Y aunque no lo creáis, eso deja fuera a un buen número de editoriales que no cumplen con las expectativas. El margen de éxito para que un autor publique se reduce considerablemente porque su abanico de posibilidades se reduce por esta selección. Sí, que si X editoriales tienen X número de publicaciones previstas para ese año y reciben, sólo por parte de las agencias, X multiplicado por dos o tres, las cuentas no salen. Y esos privilegiados que conseguirán el ansiado contrato, casi siempre son los mismos, los ya conocidos, incluso consagrados, que garantizan un número de ventas. Por eso hay autores que esperan durante mucho tiempo, pegados al teléfono, esa llamada que les diga que son los siguientes. El problema es que esa llamada puede no darse nunca, y la impaciencia y el aburrimiento hacer mella en nosotros cuestionándonos hasta nuestro propio talento y las ganas de continuar.
La cosa se recrudece cuando eres novel, vender tu trabajo resultará mucho más difícil, incluso de la mano de padrinos con apellidos como Kerrigan o Bruna; no hay sitio para todos, señores, no en la publicación tradicional. Si Planeta va publicar X libros esta primavera, con suerte habrá alguno de un autor desconocido español, y para conseguirlo, habrán hecho una selección entre cientos, puede que muchos de ellos mejores que el afortunado, pero que en este momento no encajan, ya sea por temática o por otras muchas razones. Siguen sin salir las cuentas.
Son muchos los escritores que viven a la espera de la llamada mágica, haciendo acopio de grandes dosis de paciencia y confianza, dejan su trabajo en manos de otros, convencidos de que es lo mejor para su carrera, la posibilidad de un futuro reconocimiento mas allá del momento efímero de una primera edición. Pero cuando no llega, surgen las dudas y se plantean cuestiones. Los mismos editores y agentes reconocen que no saben qué escritor va a funcionar, y son los primeros en dudar de las posibilidades de un autor  novel para que una editorial se fije en él en los tiempos que corren. Entonces, ¿todo se reduce a la suerte, a la alineación de astros y a la mañana que el editor haya tenido? ¿Dependemos del azar? Muchos están encontrando las respuestas a estas preguntas, al cambiar la percepción que hasta ahora tenían del mundo editorial.
La llegada del gigante Amazon ha dado poder al escritor. Ahora tiene la posibilidad de publicar sus libros, de llegar a los lectores, quienes de verdad deben juzgar su trabajo, los que tienen la última palabra. Ahora puede cumplir su sueño de ser leído. Hay quienes llegan a este medio, hastiados de las negativas por parte de agentes y editores, por el poco interés y mimo que reciben de ellos. También los hay que tienen claro desde el primer momento que ésta es la única opción que les vale: ellos escriben, editan, publicitan y cuidan su trabajo, sin querer ni necesitar la ayuda de nadie, no comparten sus beneficios.
Hay ejemplos claros y evidentes que empujan a los que dudan a dar este paso. Éxitos como La Saga de los Longevos de Eva García Saénz o El Manuscrito de Blanca Miosi, han demostrado lo que un autor puede hacer si dispone de un buen trabajo, y como éste le es reconocido por los lectores. Y cada vez se dan más casos de autores que, tras el reconocimiento de los lectores a través de la autopublicación, han logrado que esa editorial que en su día los rechazó, ahora beba los vientos por ellos: Amanda Hocking es un ejemplo. Más cercanos a nosotros, escritores como Armando Rodera o Fernando Trujillo, también han conseguido darle la vuelta a la ecuación. Es curioso como estas novelas, rechazadas durante mucho tiempo por agentes y editores, ahora son un fenómeno en ventas. ¿Qué es lo que falla entonces? ¿Es éste el único camino que nos queda? Un novel en estos tiempos ¿de verdad necesita marchitarse mientras agentes y editores dirigen un mundo en el que parecen no tener cabida? No lo sé, supongo que depende del caso, de la buena fortuna… quién sabe.
Yo formo parte de ese grupo de autores que tiene agente literario, además, puedo presumir de que es de las mejores en lo suyo, su nombre es sinónimo de prestigio y de verdaderos superventas. Llevo poco tiempo con ella, así que se supone que aún es pronto para saber si seré de los que se marchitan en la espera, de los que tendrán suerte o de los que tomarán las riendas de su carrera y me convertiré en una autora indie (me encanta este nombre).
Tengo amigos que defienden a capa y espada el papel de los agentes y los editores, que creen ciegamente que la única vía correcta para un escritor que quiere publicar, es la de tener paciencia hasta que una editorial giré la cabeza y los vea entre la multitud, sin importar el tiempo que eso les lleve. Tengo otros que empezaron con ilusión, confiando de esa misma forma y que se han cansado de esperar. A todos nos gustaría publicar con Alfaguara, Destino, Espasa, Roca o RHM, la mayoría se conformaría con mucho menos, no hay duda; pero eso es algo reservado a muy pocos, es como conseguir que te toque la lotería de navidad, toca, pero sólo a unos pocos.
Cada uno sabe qué espera de sí mismo como escritor, de su carrera, a qué aspira y qué significa para él la publicación. Partiendo de ahí, no es muy difícil tomar una decisión, admiro a aquellos que tienen el valor de desafiar a la industria y hacerse valer por sí mismos, demostrando lo que su trabajo vale y lo que las editoriales se han perdido, también admiro a aquellos que logran su objetivo de esa forma tradicional que tanto se ansía, al igual que también admiro a los que deciden esperar convencidos de que su momento llegará; porque lo que valoro es la tenacidad y las ganas que les ponen. 

Un abrazo.




4 comentarios

  1. ¡María! Lo primero es no desfallecer nunca, seguir creyendo en tu trabajo a pesar de que todo sea adverso. ¡Sólo así se consigue esa dosis de paciencia! Y claro, se ha de luchar por lo que uno cree, avanzar con todas las armas que se poseen y conseguir lo que sueñas.
    El panorama es desalentador, pero tu trabajo es muy bueno y tarde o temprano verá la luz de una manera o de otra.
    ¡Me tienes aquí para lo que necesites!
    ¡Un beso!

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  2. Que los tiempos estan cambiando es una verdad como un templo y que aún tiene que cambiar mas, es otra. Aun esperamos la llegada y puesta en marcha de google libros, que quiere competir con amazon, por lo que puede que pronto tengamos dos gigantes y dos grandes oportunidades para dar otra vuelta de tuerca a la situación literaria del momento.

    Nos anclamos a lo viejo, pero lo cierto, es que las editoriales despertaran de su letargo y cuando lo hagan, veran que hay un mundo de posibilidades que se les estan escapando.

    Yo espero que tu tengas suerte y veas tus sueños hechos realidad, porque te lo mereces y se de buena tinta, que tienes un gran talento. Asi que no desesperes, que hay un mundo de posibilidades hay afuera, y seguro que encontrarás el mejor camino hacia ellas.

    Millones de besos y sigue construyendo tus sueños.

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  3. Maria, te voy a hablar de una experiencia de 7 años (pocos comparados con muchos, mucho, comparado con otros :P):

    Incluso ser un superventas de amazon requiere ciertas dosis de suerte y mucha autopromoción. El caso que pones de Amanda hocking, tras tener que dejar a la mitad un libor suyo y devolverlo, es uno de esos casos: mala calidad en muchos aspectos, un boom que podría tener cualquier otro autor.

    Es cierto, ser un novel en el mundo editorial es como ser (con perdón) la puta más fea y virgen del lugar. Sabes que tu fealdad no es tal, sabes que, si alguien te dejara lavarte y acicalarte como las grandes superventas, podrías ser la que más se pudiera vender. Así acabas intentando que un proxeneta (un agente) se fije en ti o, en su defecto, el mayor y más caro burdel decida hacerte caso (o cualquiera).
    Sí, es un ejemplo extraño, pero muy visual :P

    Si te mueves, no solo por las editoriales, si no por concursos revistas y demás, consigues que las pequeñas te quieran (si tienes producto, claro) y vas escalando. Como me dijo un buen amigo, la publicación es una carrera de fondo, jamás descansas, ni cuando llegas a la meta de la gran editorial. debes armarte con mucha paciencia y ganas, el ego se sube moviendo los relatos y mostrándote que algo tienes, aunque no sepas el qué. Vamos, que no hay que escuchar tantos a los superventas de ninguna parte, en el sentido de que si ellos lo han conseguido de sopetón, tú puedes... la mayoría tardamos, si es que conseguimos llegar, pero eso hace de nuestra victoria en lo más dulce del mundo. BEsotones. Laura

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  4. Mi niña, qué te voy a contar, si este tema es también de los que me consumen a mí?
    Es cierto que los tiempos están cambiando y que cada vez hay más autores que deciden publicar vía online. Eso como es de suponer, cambia las estrategias empresariales de los gigantes editores. Estos mismo editores, ya empiezan a entender, que poco a poco son los lectores quienes tendrán la sarten por el mango.
    Yo soy de las que esperan a la llamada de su agente, pero no descarto la vía de la autopublicación. No me importa ponerme en las manos de los lectores como jueces ;). Un besote, me encantan tus reflexiones.

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