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Cambios de imagen, descargas y etiquetas.

lunes, 9 de septiembre de 2013


Ya habréis visto que la imagen del blog ha cambiado, también la de la Web  y mi blog en Tumblr. Me suelen dar estos arrebatos cuando me pongo nerviosa, y este fin de semana tenía el estómago como si dos gatos enfadados se hubieran instalado en él. Cuando eso me ocurre me da por cambiar los muebles de sitio, cambiar el color de las paredes de alguna habitación o lavarle la cara a mis páginas. ¿Os gusta el cambio? A mí me encanta. Creo que va muy acorde con el tipo de literatura que me gusta y escribo: ¡JR!

Esta es una de esas entradas que tiene más pinta de diario personal o pensamiento en voz alta que de otra cosa. Supongo que ya sabréis lo que son las alertas de Google, esas notificaciones que recibes en tu correo cada vez que se publica en una página o blog algo referente a las palabras clave que tú, previamente, has señalado para tal cometido.
Hace un tiempo cree una de esas alertas con los títulos de mis novelas. Me gusta estar al tanto de las reseñas y opiniones que van saliendo. Para un escritor es muy recomendable saber lo bueno y lo malo que los lectores piensan sobre su trabajo. Bueno, pues no son muy efectivas porque solo me avisa tres veces de cada diez. Pero ese no es el tema, sino que un porcentaje muy alto de las alertas que he recibido últimamente eran sobre blogs y páginas de descargas ilegales. No suelo mirarlas, ni denunciarlas, ¿para qué? Si algo he aprendido en todo este tiempo es que la piratería es un titán contra el que, de momento, no se puede hacer nada. Aunque ese tampoco es el tema, sino la conclusión a la que he llegado en el caso particular de mis libros y, en cierto modo, también de forma general, porque son muchos los escritores que ven sus novelas en estos "escaparates".
Me he dado cuenta de que hay muchísima gente que busca mis novelas y las descarga, también las lee, las comenta, las difunde y las recomienda. Jamás pensé que fueran a tener la repercusión que están teniendo. Las novelas gustan mucho y, a pesar de las circunstancias en las que llegan a esos lectores, yo me siento halagada  y contenta de que así sea. Hay muchas chicas, sobre todo jovencitas, que llegan a estos blogs pidiendo los títulos, se los intercambian a través de emails o los publican directamente. Alegan falta de medios económicos, padres que no disponen de tarjeta para realizar compras en las plataformas digitales y hacerse de ese modo con el ebook; ya que la edición en papel ni siquiera la contemplan, como es el caso de los residentes en otros países... Y admito que en ciertos casos lo entiendo, por supuesto que sí.
Las causas de ese pirateo son muchas, si bien solo hay una realidad. Las novelas funcionan, gustan, y la gente las busca, pero nada de eso se ve dónde es necesario: en los balances de las editoriales, en las ventas... Y eso se traduce en que corres el riesgo de que no vuelvas a publicar si no eres rentable. Esta valoración la hago extensible a los autopublicados, que pierden del mismo modo. En mi caso creo que las copias ilegales triplican a las que se ha adquirido a través de librerías. ¡Guau!
Así que un día te das cuenta de que sigues en el mismo punto que cuando empezaste a escribir, cuando lo hacías por amor al arte; cosa que está muy bien, ¡mejor que bien! Pero ese amor no te ayuda a malvivir ni a subsistir, porque eso es lo que hacen el 90% de los escritores españoles, malviven de su amor y necesitan otros trabajos que sí llenen la nevera. Lo que también conduce inexorablemente a que tu amor al arte se vaya apagando, que la falta de tiempo no te deje escribir más de un ratito durante el fin de semana, y que puede que acabes por dejarlo porque esa novela que estás escribiendo apenas avanza. Y algo que empezó muy bien, que prometía, se queda en nada. Todos pierden: el escritor que deja de publicar y el lector que apreciaba su trabajo.
Escribir gratis para leer gratis es posible, pero también es una quimera por lo que implica.


Y cambiando de tema, que este está muy trillado. Hoy he enviado mi última novela a mi agente, y lo he hecho sin catalogarla. No he sido capaz. No sé si es juvenil o adulta o las dos cosas. Sé lo que he escrito, una historia que gira en torno a la relación que mantienen los protagonistas. Habla de ellos y de su evolución. De sus miedos, de sus deseos, de lo que esperan del futuro y de lo que quieren olvidar del pasado. He escrito una ficción "real", y como tal, no es una historia perfecta de personajes perfectos. Se equivocan, son egoístas, van contracorriente o se esfuerzan demasiado por no salirse de lo normal. Y... ¡TIENEN SEXO! Pues ahí reside mi problema, que mirando publicaciones "similares" me he dado cuenta de que unas se catalogan como juvenil, otras como juvenil pero con recomendación de edad, otras como adulta. Y, ¡claro!, en el último momento no he sabido dónde colocarla, y sin colocarla cómo la envías a una editorial sin estar segura de si encaja en su catálogo. Lo último que quieres es hacer perder el tiempo y perder el tuyo. Siempre se me ha dado fatal etiquetar las cosas, sobre todo en la literatura, porque todo es tan relativo y objetivo. Hay quien cataloga los libros de Gayle Forman como Young Adult, otros como New Adult; y yo al final solo veo un libro que me gusta o no me gusta, que en realidad es cómo debería simplificarse.
Por suerte, tengo una agente estupenda que seguro sabrá qué hacer con ella. Pensamiento privado: ¡Espero que no me la devuelva para calzar la mesa!
Y hasta aquí la entrada de este "diario virtual!
Un abrazo.



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