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Manías, rarezas y fórmulas mágicas.

martes, 30 de junio de 2015



Esta mañana, mientras miraba la barrita azul que marca la entrada de emails en mi correo, casi me da un yuyu. Así, en un momento, 22 desde el blog y 17 desde la web, todos relacionados con mis novelas, y todos solo de ayer. Espero poder contestarlos a lo largo de la semana.
Me encanta que me escriban, que me hagan preguntas, proposiciones, que me cuenten qué les ha parecido esta novela o la otra, qué les ha gustado y qué no. También recibo muchas consultas sobre publicación y creación, pero no soy la persona más adecuada para responder a esas preguntas.


1, 2, 3, 4, 5... 10... 20...
Sobre el mundo editorial no sé mucho. Sé cómo he llegado hasta dónde estoy, y lo sé porque soy la protagonista de esa historia, pero fuera de mi propia experiencia poco puedo aportar.
Sobre la creación tampoco tengo mucho que decir. Siempre he pensado que no hay una fórmula y que lo que a mí me funciona a ti no tiene por qué servirte. Cada escritor es un mundo, con sus manías, sus rarezas, sus fórmulas mágicas; y todo esto suele ser tan personal como la cantidad de azúcar que te gusta ponerle al café.

Con leche y dos de azúcar, por favor.

¿Y a qué viene este rollo? Pues a que todos estos correos me han hecho darme cuenta de una cosa: soy un desastre escribiendo las SINOPSIS de mis novelas. Con Cruzando los límites ya no me quedan dudas sobre esa realidad. Y si antes  no me gustaba escribirlas, ahora las odio.  Me dan miedo.

¡Una sinopsis!!!!

Creo que éste es el comentario que más veces he visto en las reseñas:
La novela me ha sorprendido mucho, porque al leer la sinopsis solo ves una historia más de chico malo y chica buena, todo tópicos y clichés. Pero una vez te adentras en sus páginas, te das cuenta de que nada más lejos de la realidad. En el interior hay mucho más que eso, y mucho más que una historia de amor…

Distintas formas de expresarlo, pero todas vienen a decir lo mismo. Y algo parecido me ha pasado con el resto de mis novelas. Así que voy a intentar mostrar qué escribo, cómo lo escribo y cuál es el resultado final que aparece y aparecerá en cada libro. Y digo intentar, porque siempre que borroneo una entrada de este tipo, pues eso… que al final cuento cualquier cosa menos lo que quería contar.

Cada novela nueva, son dos kilos más. ¡Chocolate!!!

Érase una vez… yo con una idea. Una de esas ideas que aparecen como la mayoría, de golpe, sin esperarla, en el momento más raro. Casi siempre, mi primera visión es la del personaje masculino, acompañada de una pincelada de la historia, que suele ser... ¡Tachán!... El FINAL. Raro, lo sé, pero suelo imaginar el final mucho antes que todo lo demás, y mi reto consiste en crear lo que necesito para llegar a ese fin.

Derechito y sin torcerse, que como ponga el dedo en la tecla DELETE aquí no queda nadie.
A partir de ese momento, toda la maquinaria se pone en marcha y no para nunca, ni después de publicada la novela. Sí, soy obsesiva hasta ese punto.
Con la idea en la cabeza, comienzan las manías: me paseo con un bloc de notas en el bolsillo y un bolígrafo. Literal. No lo suelto ni para dormir. Apunto todo lo que se me ocurre, desde la descripción de una escena, a un diálogo, pasando por un gesto, incluso una simple palabra. Poco a poco van surgiendo más personajes, su aspecto, su carácter… Eso sí es algo que necesito tener muy claro antes de colocar la primera letra: quiénes protagonizan la historia, cómo son, qué quieren y dónde y cómo van a acabar. Y empiezo a escribir.

Éste va ser un rubiales con tatttoos.

No soy una escritora de método, que lo tenga todo planificado y bien atado. Me gusta improvisar, suelo dejarme llevar y plasmo lo que surge en cada momento. Unas veces, esas notas que voy almacenando me ayudan, me guían y trazan las escenas sobre las que trabajo. En otras ocasiones, terminan en el olvido.

¿Y los puntos suspensivos estos qué querían decir?

Si algo me define es la improvisación y la inspiración. Pero no en todo. Soy muy tiquismiquis con los detalles y la documentación (y aun así, hay meteduras de pata muy grandes como ocurrió con El encanto del cuervo. El gran motivo por el que este tema me obsesiona hasta rayar lo malsano, y por el que no dejo que nadie cambie un solo detalle sin consultármelo, por muy convencido que pueda estar de que el error es mío. Aunque esto es algo que contaré otro día). Y como soy tan tiquismiquis, averiguo hasta el tiempo que hacía en aquel momento en el lugar real de la ambientación; horarios de trabajo y de comidas; los apellidos más comunes de la zona; sucesos importantes; festivales, fiestas, tradiciones… Esos detalles puede que ni los mencione en el libro, pero yo los sé y con eso me basta para saber que mi historia es muy real pese a ser ficción.

Y sigo comiendo.
En mis novelas se repite la misma fórmula, es cierto: chico + chica + romance + conflicto + giros + acción + secretos + sorpresas= final en el que todo recupera su sitio y las piezas encajan. Y aun así cada historia es única.



El chico

Hoy tengo el sexy subido.

A excepción de El encanto del cuervo, en mi cabeza siempre aparece primero el protagonista masculino. Me preguntan que por qué mis personajes siempre son guapísimos, con cuerpos de infarto, sonrisas que derriten y con esa mezcla perfecta de malote y buen tío. Mi pregunta es… ¿Y por qué no? Es una novela, es ficción, ¿por qué no puede ser un personaje así?  ¿Por qué parece más correcto describir a un chico normalito, tirando a menos? ¿Porque lo hace más real, más cercano? 

Tienes que estar de broma. ¿No me tomas en serio porque soy guapo?

Valorar una novela negativamente por el aspecto de sus personajes me parece un poco injusto. En fin.



La chica

Vale, no soy una chica, pero es que esta entrada es mía.

Aquí también peco de «perfección», e inconscientemente todas mis protagonistas puede que sean un poco Mary Sue por este motivo y algún otro. Sí, también son guapas, y también son algo más que atractivas. Intento que tengan un carácter fuerte, y si no lo tienen, que acaben encontrándolo. No me gustan las damiselas, aunque pueda parecerlo. A ver, sé que mis personajes femeninos suelen ser un poco princesas en general: dulces, simpáticas, complacientes, dedicadas a los demás….

Hola, princesita.

Pero no lo son de verdad, desde Kate, pasando por Abby hasta Savannah, que son las tres chicas que hasta ahora conocéis. Todas son mujeres fuertes, con las ideas muy claras y que toman sus propias decisiones. No son dependientes, no son débiles, y son muy humanas. Tienen defectos, se equivocan y tratan de rectificar. No anteponen los deseos y necesidades de los chicos a los suyos, simplemente ceden en algún momento, al igual que ellos ceden en otros.

-50 y 50, ¿vale?
-Vale, pero pagas tú.

Así son las relaciones en la realidad, se da y se toma, sin anular, sin imponer, siempre desde el respeto. Se trata de enseñar, y también de aprender, a veces incluso de educar. Trato de plasmar la realidad sana de una relación. Se aprende a mantener una relación, sobre todo en la adolescencia y en la juventud, donde casi todo es nuevo, incluso el amor. Y me gusta mostrar cómo los personajes de mis novelas aprenden a mantener la suya, mientras se equivocan, discuten y se perdonan. ¿Qué hay más real que eso?

¿Esto no va un poco deprisa?

Desde luego que mi intención es hacer que mis personajes sean lo más humanos posible, incluso cuando estos son sobrenaturales y protagonizan una novela paranormal.

Que sí, que soy un ángel. La gabardina es para despistar.

Romance

¿Quién no se pone tierno?

Síiiiiii. Mis novelas siempre tienen una gran dosis de romance. Me encantan las historias de amor. Describir esas primeras miradas, la atracción, la tensión, el deseo…, cómo se llega a ese primer beso.  Independientemente de la importancia del romance dentro de la historia, pienso que es una parte de gran peso en mis novelas. Trato de mostrarlo de un modo real, creíble, con sus momentos de humor, de pasión, con sus problemas y dificultades…

Y luego dicen que no tiene curro escribir. ¡Me muero!

Conflicto

Tío, de ésta no sales.

Debe haber un conflicto que complique la trama, si no todo sería plano, sencillo y demasiado aburrido. Me encanta esta parte. En mis historias siempre ocurre algo que lo pone todo patas arriba, ya sea una situación inesperada que cambia la dirección de los sucesos, o un personaje que complica el argumento con una decisión poco acertada; o muy premeditada, según el caso.
Siempre tengo un «malo» escondido en algún rincón, al que trato de mantener en secreto lo mejor que puedo mientras elucubra sus maldades. Unas veces lo logro con más fortuna que otras, no siempre es sencillo que no se le vea venir. Aunque hay ocasiones en las que las pistas apuntan hacia él o ella con toda la intención.

Los mensajes subliminales son importantes.

Y hablando de pistas. Disfruto con esta parte de mis libros. En todos ellos las hay desde el principio. Unas veces, evidentes; otras, sutiles, pero están ahí: un nombre, una escena sin importancia que parece de relleno, una diálogo intrascendente…, y ¡zas!, ahí está la señal que más tarde, junto al resto de avisos, darán forma al desenlace.



Giros


¡Ostras, ¿qué ha sido eso?!

Mis novelas están plagadas de ellos. Cada vez que leo en una reseña algo al respecto, disfruto como una niñita, porque normalmente estos giros suelen sorprender, y mucho. Nadie los espera aunque las pistas hayan estado ahí. Pueden suponerme un quebradero de cabeza, porque es todo un reto guiar una trama y a tantos personajes en un camino que resulte creíble, y después dar una patada al suelo y que todo gire 180º en una dirección opuesta.

Con tanta trama y subtrama, ya no sé ni en qué día vivo.

Acción

Ahora es cuando se lía de verdad. 

Creo que esta parte solo la van a entender aquellos que han leído mis libros. Llega un momento en mis novelas, en el que me posee una especie de frenesí que ni yo sé muy bien cómo definir, que hace que la novela dé uno de esos giros radicales de los que antes hablaba. Y dónde de verdad me he dado cuenta de lo evidente que es esta posesión, es en las contemporáneas. Vosotros solo habéis leído una, pero son tres las que ya sumo, y en todas he metido esa ACCIÓN. Lo escribo con mayúsculas para que quede claro que me refiero a ese tipo de acción que puedes encontrar en una película: muy visual, trepidante, casi fantástica… Porque para qué me voy a quedar corta. No puedo evitarlo, me da la vena creativa y friki a lo Nolan, Gunn, Whedon, o a lo James Wan, y es imparable.

Os vais a enterar de lo que es la adrenalina.

Nos ponemos en situación. En Cruzando los límites, que es la comparación más adecuada en este momento, chico y chica se reencuentran, inician una relación, con sus tiras y aflojas, con sus broncas, sus pasiones... Podría conducir la historia sin más hasta el final, incluyendo simplemente algún conflicto familiar, un secreto que se desvela en el último instante y listo. Pues yo no, lo siento. Si no incluyo misterios, persecuciones, peleas, situaciones completamente «cinematográficas», pues no termino de sentirme a gusto.

Y las tabletas. No hay escena que no arregle una tableta.

Estos elementos tienen un doble filo. Pueden estropear la parte tranquila, romántica y más real de la historia al ser tan extremos. En un capítulo crees que estás es una novela de Nicholas Sparks, y al siguiente te encuentras con una mezcla entre Fast and Furious y Mentes Criminales, con violencia en ocasiones, con escenas dramáticas y de tensión. Pero todo esto forma parte de mi estilo, de mi forma de escribir y va conmigo como un rasgo más de mi personalidad. Y no me he planteado intentar cambiarlo; bueno, sí lo he intentado, pero acabo cayendo en mis costumbres.


Secretos y sorpresas

Ésta era buena, lo era...

Son indispensables para mis novelas. Me gusta sorprender, aunque no siempre lo consigo, y planear esos golpes de efecto me encanta. Sobre todo, si es algo que ha estado desde el principio ahí, a la vista, y que he logrado que pase desapercibido hasta el momento decisivo.

¡Me lo he ganado!!

Así que, pese a mis nefastas sinopsis, que pueden indicar todo lo contrario a lo que pretenden trasmitir, en mis novelas siempre hay mucho más que la típica historia de chico + chica + romance. Pueden gustar o no, eso depende de cada lector, pero hay mucho más en cada novela que lo que a simple vista se aprecia.
Ya estoy preparando la del libro que publico en octubre, por lo que... Por favor...

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¡Otra sinopsis! Comprad mis libros que pueda contratar a un especialista.









5 comentarios:

  1. Si me gustan tus novelas..... tus entradas con gift son lo más!! jajajaja que grande eres!!!

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  2. Por Dios, es un gustazo leerte, María :) Me ha encantado todo lo que has dicho y me he reído muchísimo con las fotos y sus respectivas anotaciones jajaja
    Ahora en serio, no quiero que cambies tu estilo. Escribe siempre lo que te salga del corazón, a tu manera, porque eso es precisamente lo que te hace única y especial.

    Un besote enorme!

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  3. Hola María.
    Yo la verdad es que todavía no he leído ninguno de tus libros aunque después de las recomendaciones de un par de amigas, tengo Cruzando los Limites en la lista de pendientes.
    A mi me gusta de vez en cuando encontrar protagonistas que no son tan guapos o guapas pero desde luego no les asco a los guapísimos.
    Un abrazo

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  4. Anónimo3/7/15 18:09

    Disfruté mucho leyendo Cruzando los limites y me muerdo las uñas por saber de Cassie y Ty... También me resulta curioso que se te ocurran antes los finales. Lo que si pienso es que en todas las novelas románticas los personajes son guapísimos, pero lo q creo q es molesto es q se repita tanto el dato pq no me parece tan importante como lo consideran muchas autoras.
    Tampoco me agradan los celos desmedidos y Caleb tenía cosas como lo del tattu o el gine que se lo perdono pq es él y me encandiló desde el capítulo uno, pero pienso q a veces en otros libros se exceden mucho... Casi nunca se escribe sobre relaciones más sanas y corrientes.

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  5. Ay cielo, me encantan tus entradas. Esta en especial me mola mil porque hablas mucho de tu forma de escribir, pero es que además me has puesto a Jensen... ¡¡AY JENSEN!! jajajajjaja.

    Estoy deseando hacerme con CLL!!!

    muaaaaaaaak

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