Divagando sobre personajes...





Paraos un momento y mirad a vuestro alrededor. Fijaos en las personas que os rodean y en lo diferentes que son unas de otras. Después, escoged algunas de forma aleatoria y fijaos un poco más en ellas, en sus vidas, en el entorno que han crecido, en la educación que  han recibido, en su carácter…
Cada individuo es un mundo.
Coged a cinco chicos de veinte años, nacidos el mismo día pero con vidas muy diferentes. El primero no ha tenido que esforzarse nunca, tiene lo que quiere y cuando quiere; y su única obligación es seguir el camino que sus padres trazan para él, camino que no se ha cuestionado en ningún momento porque no ha tenido nunca esa necesidad. El segundo no ha hecho otra cosa salvo trabajar desde que tiene uso de razón. Apenas tiene estudios y no es que eso le preocupe; nadie de su familia ha estudiado y no les va mal. El tercero procede de un hogar de clase obrera, estudia lo justo para ir aprobando y trabaja como camarero los fines de semana para poder mantenerse sin la ayuda de sus padres. El cuarto se quedó huérfano con cinco años, sus abuelos han cuidado de él desde entonces, mimándolo y convirtiéndolo en un joven tirano casi sin darse cuenta. El quinto está a punto de casarse, lleva saliendo con la misma chica desde Primaria, la quiere; y es lo que toca, formalizar su relación, porque eso es lo que todos le dicen que debe hacer. Aunque algo dentro de él le susurra que debería aceptar ese trabajo fuera del país que tantas oportunidades le daría, que debería ser valiente y por una vez decir no quiero.
Todos son hombres, tienen veinte años y, por esas razones, deberían reaccionar en todos y cada uno de los acontecimientos de sus vidas por igual. Como se supone que debería actuar un chico de veinte años. El resto no influye, ¿verdad?



Cinco mujeres de treinta años. La primera vive sola desde que se largó de casa con quince años. Ha conseguido un buen trabajo y no quiere ni oír hablar de los hombres (mejor sola que mal acompañada). La segunda fue madre con apenas diecisiete años, el padre del niño se desentendió de toda responsabilidad, y sola se tuvo que hacer cargo de un bebé y de un padre viudo que nunca estaba en casa. La tercera se casó con su novio de toda la vida, ya tiene dos niños y cree que estar en casa con ellos, cocinando, limpiando…, es lo que debe hacer; aunque le hubiera gustado acabar sus estudios y trabajar, pero él no quería y ella, por no perderle, aceptó quedarse en casa. La cuarta vive con un cabrón maltratador, que la trata como si fuese el mayor desastre creado por Dios. Una desagradecida que no sabe la suerte que tiene de que él quiera estar con ella, porque nadie más querría a una estúpida que no sabe hacer nada salvo quejarse y molestar. La quinta trabaja en un bufete de abogados, tiene un marido encantador y entre los dos tratan de criar y educar a un par de gemelos que han puesto sus vidas patas arriba; pero no importa, es feliz y cuenta con una familia maravillosa y unas amigas estupendas que siempre están ahí para ella.
Cinco mujeres, todas con treinta años y, por ese mismo motivo, no importa qué les ocurra ni cuál sea el problema al que se enfrenten, seguro que reaccionarán igual ante el contratiempo. Porque una mujer en la treintena solo actuaría de un modo determinado y real.
¿Estáis seguros de eso? Yo creo que no.




Es imposible que reaccionen por igual ante un supuesto, porque la edad y el género no aseguran una madurez, ni una actitud, ni el carácter. No marcan las pautas de cómo debemos y tenemos que ser.
Ahora pensad en los personajes de un libro y aplicad el mismo ejemplo. Una historia de ficción pero 100% contemporánea y realista. Dos hombres con la misma edad, pero con vidas muy diferentes. ¿Creéis que ante un mismo problema ambos reaccionarían exactamente igual, porque son hombres y tienen, no sé… treinta y cinco? Yo creo que no.



Un esfuerzo más, ahora intentad compararos con esos personajes. Pensad en vuestros veinte, en vuestros treinta años y en vuestras circunstancias, y en la cantidad de tonterías que habéis hecho, o en la cantidad de veces que habéis sido coherentes. ¿Qué las marcaba? Pues una infinidad de hilos (circunstancias) que acababan tejiendo una telaraña que evitar o de la que salir (problema), pero, al igual que con los copos de nieve, ninguna telaraña es igual a otra por muchos factores, incluido el tipo de araña.

Vale, se me empieza a ir la olla.


 Un escritor intenta crear personajes reales. Unos serán inmaduros, otros unos cabrones, los habrá dulces e inocentes, y otros serán viejos y sabios dentro de un cuerpo de niño que acaba de empezar a vivir. Y ¿por qué tantas versiones? Porque así son las cosas, la vida real en la que se mira y refleja la ficción. Esos personajes tendrán defectos, se equivocarán y harán cosas que no están bien. Reaccionarán ante los problemas según su modo de ser, su carácter, su educación... 
Dependerá de si él es inseguro o un tipo con las ideas claras. Influirá si piensa en sí mismo al tomar ciertas decisiones o si lo hace pensando en otra persona… Tendrá que ver si su madre le decía que era un buen chico o un perdedor. Quizá sea un egoísta, o esté tan asustado que no sea capaz de pararse a pensar un momento en lo que está haciendo. O ha vivido en un mundo tan perfecto e irreal, que no sabe cómo enfrentarse al de verdad, ahora que ha puesto los pies en la tierra.



Entonces, ¿por qué decimos que está mal construido o no es creíble un personaje, alegando que no se comporta como «debería» para su edad? Una mujer con treinta años puede comportarse como una niña malcriada que te den ganas de asesinar. Y una niña de quince años puede tener la madurez suficiente para afrontar este mundo como un adulto, y soltarte un discurso sobre la vida que te deje con la boca abierta. Ambos personajes no se comportan como corresponde a su edad, por ende no me los creo y me molesta su actitud a lo largo de todo el libro. Pues no debería ser así.

Cuando un escritor nos presenta un personaje, cabe la posibilidad de que esté mal construido, mal perfilado, y que su evolución a lo largo del libro no sea adecuada y coherente. Hay muchos malos personajes. Pero me atrevería a asegurar que en bastantes casos ese no es el problema, que el autor no ha sabido crearlos, sino que nos empeñamos en leer juzgando lo que haríamos nosotros o lo que no, en lugar de entender la personalidad del personaje que se nos está mostrando, sus particularidades. Sí, quizá la protagonista cuarentona no está reaccionando como una mujer madura que sabe de qué va la vida, y por eso la consideremos tonta y un personaje flojo que nos está poniendo de los nervios por sus decisiones y pensamientos. Pero ¿y si no sabe de qué va? ¿Y si su vida hasta ahora no le ha proporcionado ese crecimiento y madurez que se le presupone debería tener para afrontar cada escollo?
Cuando miro a mi alrededor y me fijo en las personas que conozco, veo cientos de mundos, todos diferentes, particulares, llenos de matices… No son personas creadas en cadena con unas especificaciones y un número de serie que diga fabricados en 1980, modelo tal, serie tal…



Tengo dos amigas de mi misma edad. Una de ellas, cuando se enfada, tiende a las pataletas y a atacar verbalmente. Es capaz de sacar aquella vez que te comiste su bocadillo en el parvulario y usarlo con saña para hacerte daño. Esa es su forma de protegerse, de mostrar que se siente mal. ¿Se comporta como una niña? Sí. ¿Es lo normal en una persona de su edad? Probablemente, y según con quién se la compare, la respuesta sea no. Pero así es como ella reacciona.



Mi otra amiga es todo lo contrario, la calma personificada. Nunca se altera, nunca dice una palabra más alta que otra. Lo razona todo con una frialdad que congela. A veces me dan ganas de pincharle con un tenedor para asegurarme de que es un ser vivo, de provocarla para ver si salta y se deja llevar.


Y yo, qué voy a decir de mí. Cuando me enfado actúo según me siento en ese momento. Si he dormido mal y, para colmo, estoy con «presíndrome de algo», puede que me ponga a gritar y a gimotear como mi hija pequeña. Si estoy pasando una buena racha, puede que ni me enfade aunque me den motivos. Y por si me faltaba algo, actúo antes de pensar y constatar. La de marrones que me he comido por ser tan impulsiva y confiada; y tendré sesenta años y la experiencia me habrá enseñado algo, pero no esperéis que me comporte como lo haría una mujer de sesenta años. Por cierto, ¿cómo se supone que tienes que ser a esa edad? Es para explicárselo a mi madre, que se quedó atascada en los quince. 



Todas estas tonterías son ejemplos de lo diferentes que somos aunque compartamos similitudes.
Las personas somos tan complejas que es imposible generalizar. Es cierto que lo hacemos, pero esas generalizaciones no dejan de ser estimaciones aproximadas. Y lo mismo ocurre con los personajes. Hay que tratar de entenderlos antes de querer prenderles fuego. Quizá el autor no se está equivocando al tratar de venderte un personaje «mal construido». Quizá ese defecto, esa reacción tan infantil en un hombre maduro que no te cabe en la cabeza, sea la pieza clave y compleja que hace especial y mucho más real a ese personaje.



¿Y a qué viene todo esto? La verdad es que no lo sé. Estoy en el coche, de viaje, navegando por Google, visitando blogs…, y ciertos comentarios que he encontrado me han hecho pensar en este tema, tanto como lectora como escritora. En ambos sentidos suelo ser muy abierta y flexible, un poco psicóloga como dice mi marido. Me gusta analizar los personajes en el contexto de la historia que me están contando. Los juzgo partiendo de sus vidas, de sus familias, de sus personalidades, de su entorno; y nunca desde mi visión personal. Si lo hiciera, esperando que todos los personajes se comporten y reaccionen tal y como yo creo que es correcto, muy pocos cumplirían con mis expectativas.



Como escritora no busco crear personajes correctos, estándar, que den la talla en todo, que siempre se comporten como «deberían». Quizá el chico malo que esperamos que en el fondo sea bueno, en realidad hubiera, de haber tenido cinco segundos más, acelerado y lanzado ese coche por el precipicio. Si Caleb hubiera tenido esos cinco segundos, creedme, lo habría hecho sin dudar. En ese momento, en ese instante concreto de su vida, lo habría hecho. Era lo correcto en un tipo con veintiún años que empieza a encarrilar por fin su vida. Por supuesto que no.


Quizá el chico bueno y perfecto, de vida ordenada, controlada por todos menos por él, en su intimidad sea un dios sin vergüenza en la cama porque ese es el único modo que tiene de soltarse. 


Quizá el adulto, sensato y maduro, nunca ha tenido que solucionar un problema por sí mismo; y cuando se encuentra por primera vez con uno, se convierte en un niño inseguro y egoísta con una pataleta.


¿Qué pensáis?

6 comentarios

  1. Estoy a favor de lo que dices en mucho.... Pienso que si juzgamos demasiado a los personajes, pero también es tarea del autor conseguir meternos en su piel y que los entendamos. Me enamoró mucho una canción para Novalie pero admito que si pensé que Nick parecía a veces tener dieciséis años, yo creo que generalizamos según la gente que tenemos alrededor y los chicos de veinticinco que conozco no son así pero claro que por esa regla de tres nunca habría ub personaje mal construido porque en esta vida hay de todo. Tiene quw ser difícil crear uba historia, tantos personajes y unirlo todo....

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  2. Hola María, tienes toda la razón en todo lo que has dicho, siempre juzgamos a los personajes en relación a lo que nosotros nos gusta, como reaccionaríamos o actuaríamos pero no debe ser así porque como dices cada personaje es único, tiene una personalidad que puede ser todo lo contrario a la nuestra. Me ha abierto mucho la mente esta entrada, gracias por compartirlo con nosotros.
    Un besito

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  3. Hola Marìa ---- opino o divago

    bueno ahora que encuentro esto tengo que decir que hace poco comentando sobre los juegos del hambre había mucha gente que criticaba lo obsesionada que se pone Katniss por momentos con matar a snow.. y yo dije ¿y por que no va estar obsesionada? empecemos desde el punto que nos da el autor a meternos dentro del personaje y ponernos en su lugar...empezando a entender porque se siente asì el personaje

    somos de juzgar por que nos gusta comentar de todo pero en el momento seguramente no nos damos cuenta o sì y van pasando los dìas, meses o años y te pones a fijar tus comentarios anteriores y dices : YO DIJE ESO ...
    Cuando lees un libro al volver a leerlo màs tarde puedes agarrar algunos detalles que en su momento dejaste pasar (por la emoción o por no poder parar y querer comerlo todo XD) y quizá tomes otra opinión

    creo que tmb lo que vivimos nos hace madurar como las personas que están a nuestro lado....de hecho siempre en mi adolescencia me llevaba (y sigo hasta ahora) mejor con gente adulta a la hora de interactuar... va por la comodidad o como te sentís con el otro ... son detalles que forma una historia y debe ser difícil lograr expresar ...

    tampoco me pongo a pensar si me comporto como me tendrìa que comportar por mi edad.. asique tampoco espero que lo haga un personaje... soy de fijarme màs que lo rodea y por que llega a comportarse asì ... tmb hay que ser màs tolerante con esos personajes que no nos gustan..ellos son importantes para las historias.

    ¿y esto tiene alguna coherencia? nose jajaja
    tampoco sè si en una galaxia lejana seguiré pensando igual
    por eso me gusta hacer fotos mejor XD

    saludos

    DW

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  4. Hola María
    Buena entrada y explicación
    Siempre que leo un libro busco personajes que estén construidos bien y que actúen de manera coherente a como el autor me lo ha presentado. Estas dos palabras, construido y coherente, suelen ir juntas en mis reseñas ya sea de manera positiva o no.
    Estoy de acuerdo en mucho de lo que dices, aunque aquí tienen la misma importancia la capacidad del autor para crear un personaje como la empatía del lector para entenderlo. En ambos casos uno no puede hacer nada sin el otro, por mucho que el autor se esfuerce, si tiene delante a un lector poco empático nada conseguirá y por otro lado, si un lector empático se encuentra con un personaje plano no puede hacer nada.
    En ocasiones me he encontrado con personajes bien construidos pero con diálogos y reacciones en algunos momentos de la trama que no he entendido o me han resultado chocantes. Este hecho no es debido a que yo hubiera actuado de otra manera, sino mas bien a que el personaje que me han presentado no hubiera actuado de esa manera. ¿Alguien se imagina a Anibal Lecter haciendo obras de caridad? pues eso es a lo que me refiero cuando uno construcción y coherencia.
    Gracias por tu entrada y espero que lo que he querido apuntar con mi comentario quede claro
    Besos

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  5. Hola María ♥

    Tienes toda la razón en lo que dices :) muchas veces no nos gusta la actitud de los personajes pero ya esa es de cada quien, a mi me gusta "juzgar" de acuerdo a como veo le ha ido al personaje, tienes que conocer la mayoría de detalles y es ahí donde te das cuenta por que actúa tan "maduro" o tan "infantil" y lo entiendes y te pones en su lugar, por que de eso se trata leer, vivir a través de esos personajes :)
    Definitivamente cada que leemos un libro debemos ser conscientes que nos podemos encontrar desde el protagonista más malo al más bueno, y ya depende de cada quien si te gusta o no.

    Muy buena entrada ^^ es genial que estés muy dentro del mundo blogger y de los blogueros pues muchas veces algunos autores no tienen ni idea de lo que les gusta a los lectores, de lo que piensan... y tú transmites una cercanía y amistad con tus escritos ^^

    Un beso ♥

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  6. Hola :)
    ¡Cuánta razón! Yo intento ponerme en el lugar de los personajes, porque es cierto yo no tengo 20 años ya pero los tuve y por eso hay que cambiar el chip y ponerse en situación, aunque hay veces que da igual que se cambie el chip un personaje es de lo peor y punto pero porque no te gusta al igual que no te gusta la vecina del quinto, XDD

    Besinos ;-***

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