Pensando en voz alta



Soy y siempre seré una eterna adolescente, una romántica empedernida, un manojo de nervios y hormonas que se emociona, ríe y llora sin importarle si eso es propio o no de una mujer madura y con hijos que se supone debería ser calmada, racional y estable. ¡Me aburro solo de pensarlo!

¿Madu... qué?

Os cuento esto porque… No lo sé, la verdad. Creo que porque el tiempo pasa, las cosas cambian y yo me siento exactamente igual que hace diez años. Es como si mi vida hubiera seguido su camino y yo me hubiera quedado atrás, viéndola partir, y en la distancia sigo sus pasos como un espectador, observando qué le ocurre.
Hace un tiempo tomé una decisión. Quería escribir, pero escribir de verdad con la firme idea de convertirlo en mi trabajo. Tracé un plan, que por suerte salió bien, y metí un pie en este mundo literario que da tantas alegrías como disgustos. Ese plan consistía en trabajar muchísimo y en tomar decisiones arriesgadas con las que apostar por mi futuro.

Sí, tengo un plan molón.

Quién piense que escribir no es un trabajo y no requiere esfuerzo, es que nunca  se ha sentado delante de una página en blanco con el firme propósito de crear una novela. Porque sí, escribir puede hacerlo cualquiera, pero «escribir bien» no sabe hacerlo todo el mundo. Sacar adelante una trama con todos sus elementos, que estos encajen y crezcan dándole forma a esa historia que hará que cientos de lectores se enganchen, vivan y sientan como si fuera real, no es fácil. Sin contar con que, además de una historia, también debes controlar las herramientas para crearla: las palabras, el lenguaje, sus reglas. Esas cosas llamadas estilo, ortografía, gramática… Y yo aún soy aprendiz en todo esto, solo hay que echarle un vistazo a cualquiera de mis borradores.

Yo quemando a mi yo.

Dedicarse a escribir como profesión es sinónimo de reducir ingresos en casa, de no poder descansar los fines de semana, de asumir negativas, críticas, reveses, desengaños; y también de aprender a vivir tras un cristal a través del que todo el mundo puede verte. Al estar ahí cedes irremediablemente el control de tu persona a otras que, de repente, pueden hablar sobre ti, opinar sobre lo que haces, cómo lo haces, incluso de cómo eres. Una veces bien, otras mal.

¡Es lo que hay!

¿Y merece la pena? Sí. Para mí la respuesta es rotunda. Sí. Aunque hay días en los que todo lo veo negro. En los que borraría cada red social, abandonaría todos los proyectos y desaparecería para dedicarme a otras cosas. A veces pienso así y me quedó inmóvil, con el dedito a un clic de eliminar lo que se ha convertido en toda una vida. ¿Y por qué? Si le busco un sentido místico, diría que porque soy Libra y ya sabéis cómo son los Libra. Si trato de ser más racional, diría que porque soy una eterna adolescente, una romántica empedernida, un manojo de nervios y hormonas que ríe y llora sin importarle si eso está bien o no; y que quiere ser libre y no hacerse mayor nunca. Y si para colmo tienes el defecto de idealizarlo todo, desastre absoluto. 


No tengo arreglo.

Todos los trabajos tienen un lado feo que te hace pasarlo mal. En todos los trabajos hay personas que siempre esconden un motivo. Creo que esto es lo que peor llevo, porque tengo ese sexto sentido que me hace verlas desde el primer instante; y pese a verlas, les entrego hasta el corazón y me convierto en una ONG dispuesta a salvar cualquier causa. «¡Eres muy tonta, Mery!», que diría mi madre. Pero qué le voy a hacer, ser tonta es mi virtud y a estas alturas no hay quien me recicle.

Soy como soy

Suerte que estos momentos apáticos son los menos.
La mayor parte del tiempo pienso que me gusta lo que hago. Y me gusta mucho. Trato de reconducir mi vida anterior y la nueva con el objetivo de que se encuentren y encajen. Intento luchar por mis novelas y buscarles el lugar adecuado para publicarlas. Me resisto a ser escritora con etiqueta. También intento no dejarme encandilar y sopeso esas decisiones y apuestas que mencionaba antes. Me recuerdo constantemente qué busco yo en este mundo y qué no. 

Y no es un billete dorado.

También que debo ser consecuente con mis principios. Se requiere un autocontrol brutal para poder decirle a una buena oferta «me lo pensaré». Esto me cuesta mucho, porque soy confiada y un poco como los gatos: en cuanto me arrullan con mimitos y un amigas para siempre, ronroneo y te sigo al fin del mundo. Nunca ha sido una cuestión económica. Si estáis en este mundo sabréis que dinero y escritor son dos palabras que se repelen.


Resumiendo. Sí, escribir es un trabajo y, como todos los trabajos, tiene su parte buena y su parte mala. En mi caso la buena inclina la balanza de una forma positiva. Me encanta escribir, adoro escribir. Y pese a que algunas veces mi dedo se queda a un clic del apagón universal, dudo que llegue a moverlo. ¿Por qué? Porque aún tengo muchas historias que contar. Porque soy muy cabezota, tracé un plan y a estas alturas sería cobarde abandonarlo. Y porque tengo a esa adolescente romántica e idealista en mi interior que vive por y para… Esto os lo cuento en el siguiente post.











7 comentarios

  1. No le des jamás al botón de borrar!!! Y no pierdas la ilusión de contar historias! Yo también tengo esa sensación de vida congelada Jajajajaj pasan los años y yo sigo igual de friki que hace 10....
    Un besote enorme.

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  2. Querida María, cuanta razón tienes. Yo me alegro egoístamente que te dediques a la escritura. Siempre lo he dicho: tienes una magia especial en esa cabecita tuya!! Y cada día cn tus post, tus comentarios y tus libros me sigues enamorando como hace años cn tu primera historia.

    Es duro crecer y no crecer. Y es lo que dices tú, está muy mal visto dedicarse al arte y me parece muy mal que la gente opine que sea fácil dedicarse a ello. Claro q es fácil escribir pero hacerlo bien y que esté bien trabajado.... Ahí cambia la cosa!!

    Por eso y mucho más, gracias y mil veces gracias gracias gracias por dedicarte a lo que te dedicas, por ser como eres y por favor no cambies nunca!!!!

    Un abrazo de tu acosadora profesional, Noa

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  3. De borrar nada! Dale al intro! No nos puedes hacer esto y menos a mí (es broma) que llevo aquí desde Pacto de sangre y sigo esperando cada historia tuya con mucha ilusión.
    Así que dale al teclado que cada libro supera al anterior.
    Un besazo grande

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  4. Hola guapa!! Nada de dar al clic porque quiero leer todas esas historias que estoy segura que ronronean por tu cabecita ;)

    Besos :*

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  5. Hola yo tambien soy de la inciativa seamos seguidores. Intento seguirte pero n veo donde pueda hacerlo, bsos.
    https://estoyentrepaginas.blogspot.com.es/

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  6. Hola guapa..te acabo de leer en mi blog te sigo por Facebook y Twitter te espero de nuevo para que me sigas.
    Besos!

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  7. No importa que tengas 30, 40 o 50 importa el espíritu joven y esa magia con la que escribes que no tiene edad y que cada historia juvenil, new adult, adultos, etc nos enamora de la misma manera. Vamos sigue adelante con esa máquina creadora de magia pura instalada en tu cabeza. Muchos abrazos, saludos desde Nicaragua.

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