Yo también tengo mis reglas para escribir




Últimamente, las publicaciones con consejos sobre cómo escribir una novela proliferan como setas en otoño. Hay infinidad: blogs, webs, revistas online, cursos de escritura, manuales, libros… Admito que al principio los seguía casi de forma compulsiva, incluso tomaba notas, recopilaba todos los «mandamientos» para que una novela pudiera convertirse en algo perfecto y sin errores de ningún tipo. Con el tiempo me di cuenta de que estas publicaciones estaban logrando volverme loca. Escribía con todas esas reglas en la cabeza, tratando de no olvidarlas y aplicándolas a mi texto al pie de la letra. Los personajes eran los que más sufrían. Que si cuidado con esto para que no parezca una Mary Sue; con esto otro estoy cayendo en un tópico; con lo otro la estoy estereotipando… En ocasiones, todos estos artículos se contradecían entre sí y surgía la duda ¿A quién hago caso? Finalmente opté por no volver a leer ninguno más, salvo un par de blogs que me parecen de gran ayuda y que tocan un montón de temas interesantes, entre los que se encuentra el de Gabriella Literaria. Echadle un vistazo y veréis como tengo razón.
Me gustan las reglas de escritura, los consejos, aunque no soy muy amiga de darlos. No me siento capacitada para dar lecciones a nadie cuando yo soy la primera que sigue aprendiendo día a día y nunca sabrá lo suficiente. Pero sí que he acabado construyendo mi propio manual. Unos puntos que me ayudan a mejorar, a escribir, a inspirarme. Puntos que en ocasiones acabo rompiendo y tampoco se para el mundo por ello.
Os voy a contar algunos.


1. Leer mucho. Leo todo lo que puedo y más. Robo minutos al día aunque solo me den para un par de párrafos. Y lo hago de un modo analítico. Me fijo en todo, trato de visualizar las novelas como si fuesen películas. No es premeditado, lo he ido adquiriendo con el tiempo y me viene bien para ver cosas que me gustan, o no, y que no soy capaz de percibir en mis propias historias cuando las escribo.





2. He tenido que perder el miedo a cortar; y lo digo yo, que mis novelas no se caracterizan por ser breves. Menos es más, siempre. En ocasiones, una enorme cantidad de información sobre los personajes y la trama puede transmitirse con unos pequeños detalles. No hay que contarlo todo y explicarlo todo. No os ha pasado empezar a leer una novela, con los primeros capítulos repletos de narración introductoria que no tenía nada de relevante y, de repente, llegar a uno en el que pensáis «¡Aquí debería de haber empezado la historia!». Pues a eso me refiero, a que debemos ser objetivos y saber qué es necesario contar y qué no. El lector es listo, capaz, no necesita que se lo cuentes todo. Lo que quiere es acción, información importante, meterse en la historia, engancharse. No quiere que le describas  paso a paso como se viste el personaje una mañana, prepara el desayuno y lo come.
Los escritores desarrollamos una unión emocional a ciertas escenas y personajes que en realidad son un lastre que no nos dejan avanzar. Es un hecho, nos enamoramos de partes que no sirven para nada. A mí me ha pasado, atascarme en puntos que no parecían tener solución, salida. Les daba vueltas, buscaba alternativas y probaba mil fórmulas para mantener esa escena o diálogo, cuando lo que sobraba era eso exactamente. Por mucha pena que dé hay que cortar para avanzar. Debemos plantearnos hasta que punto es vital para la historia, o si solo lo es para nosotros por ese apego emocional.




3. Me documento, y mucho. Escribir ficción no significa libre albedrío y cuento lo que me da la gana, porque como no es verdad, puedo inventarme lo que sea. Pues no, sobre todo si escribes ficción «realista» en cualquier vertiente: contemporánea, histórica… Existen las licencias, claro está, y es muy lícito que el escritor se tome todas las que crea necesarias. Yo lo hago cuando invento pueblos y ciudades  para mis historias. Pero si ese pueblo que he inventado lo he colocado en el sur de Francia y en una época muy concreta, creedme cuando os digo que trato de averiguar hasta el clima en esa época, las noticias importantes de esos días, fiestas locales, gastronomía, costumbres, horario y líneas de transporte… Si el personaje es mecánico, leo y me informo sobre el tema. Si es abogado, más de lo mismo.





4. Trato la escritura como un trabajo. Para mí es un trabajo, esa labor que me ocupa un mínimo de horas y que llevo a cabo con la esperanza de pagar algunas facturas. Trato de ser disciplinada y de realizar mi tarea todos los días. Me impongo un mínimo de palabras que intento cumplir. A veces son basura desde la primera a la última. Otras, con suerte, consigo un par de párrafos buenos, y, con mucha más suerte, un par de páginas que logran que piensen que quizá sí tengo algo de talento.





5. Presto la misma atención a todos los componentes de mis novelas. Por ejemplo, respeto y cuido a todos mis personajes por igual, por muy pequeño que sea su papel. Todo el mundo es protagonista de su propia historia en particular y ese pensamiento me ayuda a construirlos con todo el cariño y la atención que merecen. Para mí ellos son mi fuerte, por encima de las tramas, y ese mimo es el que logra que tengan profundidad, que se conviertan en algo muy real y creíble, y que permanezcan en la mente del lector. Lo mismo con la ambientación, los detalles... Todo es importante en una novela, lo que no, es prescindible.





6. No me gusta sobrecargar el texto. Leo reseñas de mis libros en los que señalan el lenguaje sencillo que uso. Es algo deliberado porque creo que un vocabulario cercano y limitado puede lograr un  gran impacto emocional en el lector, sobre todo en el tipo de novelas que yo escribo. Una prosa llena de florituras distrae en según que historias. Frases redundantes, descripciones infinitas llenas de adjetivos y adverbios innecesarios. Sí, podría escribir con una narrativa y un estilo más complejo, más recargado e intelectual, pero yo prefiero el lenguaje del día a día. Al menos en las historias que ahora escribo.





7. Muchas veces me preguntan cómo logro crear esas tramas llenas de subtramas y conducirlas todas hasta el final, manteniendo el ritmo, con los giros adecuados y las conexiones precisas para mantener el interés, que no decaigan y que logren sorprender. No lo sé, esa es la verdad. Creo que hay cosas que no se aprenden, simplemente las haces y ya está. Algo así me ocurre con mis tramas. Veo el comienzo y, como si de un holograma fuese, este comienzo empieza a bifurcarse y a tomar forma en mi mente como una red. Las ideas surgen, se mezclan y se unen en el momento preciso con la pista exacta que ahí quiero dejar. Y esa pista se unirá más adelante a otra que ya tengo más o menos clara, y juntas darán forma a ese giro. Así de simple y complicado al mismo tiempo. No tengo manual para todo. Una gran parte de mí, de mi trabajo, no puedo explicarla. No sabría decir cómo surge o la planifico o construyo. Surge sin más, está ahí como el instinto y la improvisación.





8. Soy tenaz hasta en los peores momentos. No me rindo, nunca. Hay días en los que todo me parece una mierda, así de claro. Me vengo abajo, creo que no sirvo para esto, que el talento brilla por su ausencia y que soy un fraude que por algún insólito misterio ha conseguido escribir unas cuantas novelas pasables que han tenido suerte. Y cuando me siento así me cuesta mucho remontar, pero lo acabo haciendo y encuentro de nuevo la luz y la confianza. Soy impulsiva y muy visceral, también insegura y tengo que lidiar a menudo con todas esas sensaciones. Escribir novelas es un trabajo complicado y solitario, el éxito se mide por el número de lectores, las ventas y otros tantos detalles que, en ocasiones, no tienen mucho que ver con la calidad de un libro. En otras sí, claro está. Como podéis ver es casi un juego aleatorio de azar, inseguro, sin garantías y poco satisfactorio si te descuidas y pierdes la ilusión. Por eso me aferro a eso, a que soy tenaz y cabezota como nadie.




9. Me inspiro casi con cualquier cosa. Oigo música, veo películas, series, leo… Soy una esponjita que absorbe toda la información que recibe. Lo apunto todo: palabras, frases, detalles de una escena bonita…




10. Mi meta es escribir la mejor novela posible. Lo doy todo para poder sentirme orgullosa del trabajo final. El fin que persigo es esa sensación de haber hecho todo lo que podía y más. Publicarla o no, con editorial o autopublicada, esos son detalles en los que pienso después y que no dejo que interfieran en mis prioridades. Y desde luego, no se me pasaría por la cabeza escribir pensando en si ésta será la que me convierta en la reina de los superventas. Todo eso se lo dejo a la suerte, al azar, al destino o a quién corresponda. Yo prefiero preocuparme de lo que sí puedo controlar, un buen trabajo.





11. Y creo que ésta es la más importante de todas y la que más me ha ayudado cuando las anteriores entran en conflicto por algún motivo: desconectar sin remordimientos. A veces no se puede, estás saturado, todo lo ves negro, lo que estás escribiendo no te convence, las críticas te están afectando más de lo que esperabas, no sabes qué camino seguir… o simplemente lo necesitas. Desconecta. Cierra el ordenador y ve a dar un paseo. Pásate un día entero viendo series o películas, leyendo. Sal con amigos. Llama a esa persona que siempre consigue animarte. Disfruta del tiempo en familia o, simplemente, no hagas nada de nada.







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6 comentarios

  1. Magnífico repaso por todas las experiencias de la escritura :o) ¡Sigue tenaz!
    Besotes admirados.

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  2. Geniales consejos! Yo intento darle importancia a los que me parecen más factibles de que pueda seguirlos. Ahora justamente estoy en un momento que no sé q giro darle y recién voy por la página 160 y le parece q falta un montón por contar.
    Un beso desde Argentina!

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  3. María me encanta lo que cuentas. Gracias

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  4. Yo también dejé de leer blogs sobre consejos para escribir hace tiempo. Solo sigo a Gabriella y a Ana González Duque. Al final cada uno encontramos nuestro propio estilo y nuestra mejor forma de escribir. Tú desde luego lo haces genial, y entiendo perfectamente esos momentos de inseguridad; creo que no hay escritor que no pase por eso. Un besazo!

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  5. Gracias por tus magníficas palabras y consejos :') La verdad? Es que para mí escribes fantásticamente perfecto. Me has ayudado mucho, he aprendido palabras que no conocía, has logrado capturarme en la historia desde el primer detalle que exponías...has relatado las escenas con los detalles justos y necesarios y aún así, he podido ver todo claro y conciso en mi mente. Todo lo que escribes me ayuda a también aventurarme en mis escritos y en la confianza sobre mí misma. Aparte, causas que los lectores acaben por amar a tus personajes tanto como tú lo haces. De todo corazón te digo que eres mi escritora favorita. No por "tu originalidad y talento único diferente a todos" (que también jeje) sino por todo lo que puede aportarme leer tus novelas, tanto interna como externamente. Es poder disfrutar de la historia, poder analizar su estructura al pie de la letra, poder reírme sin dejar de aprender cosas nuevas que puedes explicarlas de una manera tan técnica y propia del ambiente a la vez que no dejan de ser tan sencillas y fáciles de comprender. Gracias por regalarme la oportunidad de poder leer tanto de ti. Espero hacerlo pronto nuevamente (aunque dándote el del que necesitas para poder construir otra de tus maravillas) Kisseess!!

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  6. El punto 2 es mi gran cruz. No sé cómo lo hago pero siempre acabo escribiendo mucha descripción (más de la necesaria) y poca información relevante. Mis lectoras beta me lo han dicho y tengo que corregirlo pero no tengo ni idea de cómo hacerlo... En fin. Gracias por compartir estos pequeños consejos con nosotros.
    Un beso:)

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