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2018... ¡2019!

sábado, 29 de diciembre de 2018




Un año más repleto de libros.


He pasado un buen rato mirando esta página en blanco, pensando en todo lo que ha supuesto este 2018 para mí. Mi primer impulso ha sido escribir una entrada enteramente positiva y compartirla con vosotros como todos estos años atrás. Pese a los reveses, escollos y problemas que he tenido que afrontar y superar a lo largo de mi vida, siempre he sido una persona optimista y emocional que lograba encontrar luz entre las sombras más oscuras. Con una memoria selectiva capaz de olvidar lo malo y revivir en bucle solo lo bueno.
Más que nunca, sigo siendo esa persona. Darme cuenta de ello me ha animado a escribir este balance, no tan positivo, con la misma sinceridad de siempre.
2018 ha sido uno de esos años difíciles de sobrellevar. Comenzó muy mal a nivel personal. Se veía venir, había una semillita creciendo desde hacía mucho, aunque no lo advertí hasta que fue demasiado tarde. Dolió, dolió mucho, y durante meses pensé que no había forma de superarlo. Miraba al pasado, buscando y valorando mil y un detalles. Mientras, el futuro se desdibujaba hasta casi desaparecer. 
También desaparecieron las palabras, las ideas, las historias... Esa pérdida dolió casi tanto como el motivo de su origen.
En lugar de avanzar, retrocedí. Volver atrás nunca es bueno, sin embargo, me sirvió para ver con otros ojos todo el tiempo pasado. Descubrí que me había equivocado en muchas cosas. Me había dejado llevar por impulsos que afearon palabras y gestos cuya intención era bien distinta.

A veces, las personas que nos importan sufren, se apagan, se hunden y no saben cómo ni por qué.  Verles de ese modo es insoportable y nos volcamos en la búsqueda de soluciones inmediatas con las herramientas equivocadas, de consejos poco objetivos que se dan con el corazón y que acaban transformándose en gritos cuando te das cuenta de que no calan como era de esperar. No sabes cómo ayudar ni estás preparada para hacerlo, pero pruebas de un modo, y de otro, y de otro... Te domina el miedo, la impotencia..., y la soledad, cuando aquellos que deberían estar a tu lado no empatizan, no quieren entender ni ayudar porque son incapaces de mirar más allá del «YO».
Inconsolable, contemplas cómo abandonan el barco y te empujan a la deriva con un leve soplo de aire, convencidos de que con ese soplo te están regalando vida. «Piensa que sin ese viento estarías mucho peor».  ¿Acaso no se dan cuenta de que las velas rotas no se hinchan ni arrastran?
Existen dos tipos de personas, las que cuando escuchan un grito piensan de inmediato en una petición de ayuda, y las que creen que solo es una molesta llamada de atención. Soy de las primeras, no soporto a las segundas.
No obstante, hasta lo época más mala tiene un final; y, cuando la esperanza comienza a perder su forma y amenaza con desaparecer,  aprendes que con estar ahí es más que suficiente. Que tu tiempo y comprensión son su mejor medicina. Que no hay que tener miedo a las caídas, porque forman parte de la vida. Que lo importante son los brazos con los que ayudas, o te ayudan, a levantarte de nuevo. Que los logros son importantes, siempre y cuando te hagan feliz. Siempre y cuando, primero, seas feliz. El bienestar interior y el optimismo alimentan nuestros sueños. Perseguir sueños con la idea de encontrar en ellos lo que llene nuestro vacío es un error.
«Te quiero por quién eres ahora, no por todo lo que sé que puedes llegar a ser».
«Te quiero imperfecta y llena de dudas».
«Te quiero, porque no podría ser de otro modo».
¿Y sabéis qué? Al final se dejan querer. 



Cada diez de octubre se celebra el Día internacional de la salud mental, y este año lo he celebrado más involucrada que nunca. He sido realmente consciente de lo que supone sufrir ciertos trastornos, de sus consecuencias. De ver sufrir y sufrir con quien los padece.
Ha sido un año complicado por la sobrecarga emocional y el cansancio. He encontrado el límite de mi cuerpo y mi mente. Me he angustiado mucho, he llorado y gritado, reído, conversado, abrazado, mimado... 

Mientras escribo todos estos sentimientos, me he descubierto sonriendo. 
Para ser justa, este 2018 también ha tenido cosas buenas y se despide de mí bastante redimido. Termina más bonito que empezó. Ya no me angustio, ni grito, ni lloro. Sigo riendo, conversando, abrazando y mimando. Valorando lo que de verdad importa, a los que de verdad importan.
Ha costado, ha sido duro y muy difícil en ciertos momentos, pero ha merecido la pena por llegar a este instante. Más yo que nunca. Tan yo como antes.

En lo literario, este 2018 ha sido muy extraño. Tras cinco años sin para de escribir y publicar, de trabajar hasta la extenuación para cumplir plazos y expectativas.  Los últimos meses han destacado por lo opuesto.  Una pausa forzosa que ha terminado siendo el descanso que necesitaba para recargar mi energía.
Durante todo este tiempo de ausencia en redes y sin nuevas publicaciones, vuestro  interés por mi trabajo no ha disminuido, al contrario, y os lo agradezco muchísimo. Así que voy a contaros un poquito dónde me encuentro y, de paso, contesto algunas de las preguntas que más me hacéis.

¿Has terminado algún nuevo proyecto?
¿Publicarás pronto otra historia?
¿En qué estás trabajando?

Durante el pasado verano puse punto final a TYODN, un proyecto que surgió por sorpresa a finales de 2017. ¡Es tan especial! Se ha convertido en la historia que más me ha hecho sentir desde Palabras que nunca te dije. Se publicará durante segundo semestre de 2019 y, de momento, no os puedo contar nada más.

No estoy trabajando en nada concreto. Tengo decenas de proyectos empezados, abandonados y nuevas ideas naciendo en mi cabeza. Un caos en el que trato de poner orden.
Tantas historias: juvenil, romántica adulta, paranormal, drama, misterio...
Tantos personajes. Tantas parejas: Jay y Rowan. Kieran y Maize. Declan y Zoe...
Tantos lugares: Vancouver, Vermont, Nueva Zelanda, Francia... Islas perdidas, bosques misteriosos, pueblecitos encantadores...
Tantas posibilidades que me cuesta decidirme.
Tantas ganas de ponerme a escribir que, igual, me lo juego a Cara o Cruz.



2018, te digo adiós con un regusto amargo por los momentos tristes. Agradecida por los buenos. Aliviada por las etapas que se han cerrado. Contenta con las que comienzan.

2019, no te voy a pedir nada. Ni deseos ni propósitos ni expectativas. Sé lo que quiero y que solo depende de mí. Trabajo, esfuerzo y actitud, esa es la fórmula. Te espero con ganas.


¡Feliz Año, querid@s!
¡Gracias por leerme!
¡Gracias por estar ahí!
¡Gracias por hacer posibles mis sueños!


PD. Os dejo este reto que, personalmente, me encanta.
http://elifthereader.com/reading-projects/reading-challenge-2019-women-writers/
Reading Challenge 2019



1 comentario:

  1. Jo, cariño, no sabes lo mucho que te entiendo, yo tuve que pasar un año así, exactamente el 2016,siempre me ha encantado celebrar mi cumpleaños, desde pequeña y ese año no pude, no tenia ganas de sonreír, no tenia ganas de hacer nada, solo de que pasara ese sufrimiento, ese momento negativo de mi vida, hasta que me di cuenta de que tenia que hacer algo, dejar salir todos esos pensamientos y cosas malas de mi, convertirlo en otra cosa o acabaría con la poca positividad que me quedaba, es duro el camino, pero cuando sales de el te sientes mejor que nunca.

    Besos y mucha suerte para este año que comienza.

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