14 de mayo de 2012

Pinta rosa, pero...

Acabo de recibir un un email, y me ha dejado con una necesidad imperiosa de ponerme a contar cosas. Pero en mi línea habitual, me confieso, pero sin contar la naturaleza de los pecados, ni de los pecadores. Me gusta ser prudente, ya lo sabéis. 
Hace unos meses inicié un nuevo proyecto, relegando a un segundo plano el final de mi trilogía. Esta nueva novela empezó a tomar forma mucho antes, casi a la vez que surgían ideas para otros dos trabajos más. Jugando al pinto pinto... y sondeando un poco la situación de lo que se preveía en cuanto futuras publicaciones por parte de las editoriales, me decanté por un romance con tintes mágicos. La novela está casi terminada, sé que llevo diciendo esto hace semanas, pero es que no podéis haceros una idea de la cantidad de incógnitas que me iban surgiendo mientras escribía. Por ellas he tenido que reescribir capítulos enteros y la conclusión se hacía esperar.
Ahora está todo hilado, creo que he conseguido un final de infarto y sólo queda escribirlo si encuentro el tiempo que necesito; y debo encontrarlo. ¿Por qué?
Por primera vez me ha pasado algo con lo que no contaba siendo novel, y es que editoriales estén esperando a que termine este libro para valorarlo, y sí, editoriales en plural. Hoy he recibido un email en el que se me preguntaba por el estado de mi novela, esta editorial valoró en su día mi trilogía y por diversos motivos no apostaron por la publicación, pero... para mi sorpresa... me han ido siguiendo los pasos, ya que la lectura del anterior manuscrito les gustó. Lo que me tiene alucinada y en una nube, es que esta situación se repitió hace algo más de una semana, cuando tuve otro contacto parecido a éste y me pidieron un borrador a pesar de no estar terminado.
 ¿Entendéis por qué tengo que contarlo? ¡Estoy a punto de ahogarme con mis propias babas!

Ahora bien, como en mi casa dicen: Es de bien nacido, ser agradecido. Y partiendo de esta premisa, no voy a mover un dedo en cuanto a la segunda petición, no hasta que sepa algo de la primera. Va a ser muy difícil tener paciencia, aunque lo haré. El trato de esta primera editorial ha sido exquisito y cercano, y es la primera vez que encuentro por parte de editores tal cercanía, eso se merece una deferencia por mi parte. Si al final es un no, iniciamos un nuevo asalto.

Y sí, todo pinta rosa, lo habitual no es que un editor contacte con un novel porque le guste su estilo, y eso podría interpretarse como algo bueno y una pequeña parte del camino recorrido. Pero no sería yo si no empiezo a analizar la situación, a buscar los puntos negativos por los que todo podría salir mal. En su día rechazaron la trilogía por ser de temática vampírica, hasta ahí bien, es cierto y admito que hay un exceso de títulos y que el lector está cansado. Pero mis lectores cero saben que tengo un estilo muy marcado, que me muevo en el género del romance paranormal porque me gusta y me siento cómoda con las licencias que me puedo tomar. Presento las tramas de mis novelas siguiendo un mismo patrón, al igual que a los personajes, la forma de narrar... he escrito algo como lo que ya han valorado, es mi estilo, pero con una historia muy  diferente.
Más cosas, lo que las editoriales españolas esperan de los escritores nacionales. Pues esto  no lo tengo muy claro, pero parece ser que, como los personajes no se llamen Pedro y Loli,  y vivan en Plasencia, y la historia no se desarrolle en un caserón en el valle del Jerte; mal lo llevo.
Mis personajes tienen nombres como William, Nathan, Abby o Diandra, viven en pueblos imaginarios, diseñados a mi placer en condados como Maine o New Hampshire. Estoy influenciada por autores americanos y europeos que escriben sobre fantasía juvenil. Series, películas, adaptaciones, estoy  empapada hasta el tuétano de ellas, así se refleja en mis novelas. De hecho, el otro día compararon mi trabajo con el de dos grandes autoras   del género made in USA. Por un lado fue un halago, por otro, una sentencia a muerte. Así que, por mucho que les guste a esos editores como escribo, mi estilo y posibles virtudes... nos topamos con el mismo muro una y otra vez, que para ese tipo de lectura ya están ellas, las reinas de las sagas paranormales.
La solución podría pasar por cambiar mis historias, escribir algo nuevo con sabor español. Ya me lo han propuesto, y desde luego que voy a pensarlo. Pero cuando agote todas las vías con estas novelas. Y para colmo, esta noche pasada mientras dormía, se me ocurrió una historia sobre un cazador de monstruos. ¿Lo veis? No tengo arreglo.

Un abrazo.




13 de mayo de 2012

MEME Primaveral.



Ayer, mi amiga y escritora Menchu Garcerán, me nominó para participar en el MEME primaveral. Una iniciativa muy divertida que nos permite conocernos más entre nosotros, los blogguers. ¿Cómo funciona? Sólo has de contestar las diez preguntas que te formula el blogger que te ha nominado, después, has de nominar a aquellos que a ti te gustaría conocer un poco más y formularles, a continuación, tus propias preguntas. Aquí van mis respuestas a las cuestiones de Menchu:

1. ¿Qué te saca de quicio?
     La gente desconsiderada y malintencionada en general.

2. ¿Qué es lo que más aprecias de un amigo?
      Que sepa cómo soy, que me conozca de forma que, la confianza o la lealtad no sean algo a cuestionar entre nosotros si surgen problemas.

3. ¿Qué alimento no comes o comerías jamás?
  Pez globo o Takifugu. Creo en las estadísticas y, en este caso, tengo la curiosa seguridad/paranoia de que me tocaría el que contiene veneno.

4. ¿Dulce o salado?
    Depende…

5. Tu pintor favorito es...
      Tengo muchos y de diferentes épocas: Herbert Draper, Kandinsky, Jean Michell Basquiat, o Iman Maleki, éste último lo descubrí hace muy poco y es increíble el realismo de sus pinturas.

6. ¿Crees en el destino?
   Creer en el destino tiene algo de magia, de fantasía. Un escritor es en su mayor parte imaginación, aderezado con magia y fantasía. Por lo que sí creo.

7. ¿Qué lugar te gustaría visitar?
     Muchos, pero últimamente me gustaría recorrer el sur de Maine y la mayor parte de Nueva Inglaterra, lugares donde transcurren mis novelas.

8. Un deseo…
     Cumplir sueños y alcanzar metas.

9. ¿Prefieres día o noche?
      Esta preferencia varía según la época del año. En los meses fríos necesito la luz del día. En los meses más cálidos me gusta disfrutar de la noche al aire libre.

10 ¿Qué te sugiere la palabras CAFÉ?
     Qué no me sugiere sería la pregunta correcta. Hay más café en mi cuerpo que sangre, pero lo que me sugiere es placer… siempre está relacionado con los mejores momentos de mi día a día.


Y ahora me toca nominar. He elegido a estas tres personas por muchos motivos, desde la amistad que nos une, a la pasión por los libros. Ahora ellas tendrá que contestar a mis preguntas en sus respectivos blogs y continuar con la cadena.
And the winner is: Raquel Cruz, Cristina Mas y Marta Fernández. Y aquí van mis preguntas para vosotras; y para todos aquellos que os apetezca sumaros al juego y dejar vuestras respuestas en los comentarios.

1.     ¿Leer o escribir?
2.     ¿Qué debe tener un libro para que entre a forma parte de tu top 10?
3.     ¿Y qué lo nominaría a abandonar tu estantería?
4.     ¿Qué prefieres en ellos, predominio de diálogos o descripciones?
5.     Confiesa, ¿cómo te gustan los personajes masculinos, sobre todo en las lecturas con un alto contenido romántico?
6.     ¿Y qué no soportas de los personajes femeninos?
7.     Un libro que te haya marcado.
8.     Una película que verías mil veces sin cansarte nunca.
9.     ¿Qué música convierte un día gris en un bonito día de verano al sol?
10.  ¿Qué te llevarías a una isla desierta?







19 de abril de 2012

Un trocito.


Trocito descartado de la nueva novela, me gusta, iba a ser ese pequeño prólogo que planteara las primeras cuestiones, vagas pinceladas del destino de la protagonista. Bueno, lo subo y así la vais conociendo.

¿Y si me hubiera levantado una hora antes?
¿Y si hubiera girado a la izquierda y no a la derecha?
¿Y si no me hubiera entretenido mirando aquél escaparate?
¿Y si hubiera dicho no en lugar de sí?
¿Cuántas veces os habéis hecho preguntas cómo éstas? Yo me las hago cada día desde hace varios meses. Y la respuesta no me consuela.
No lo sé. No sé qué hubiera pasado. La vida es un cúmulo de pretensiones, coincidencias, fatalidades y sobre todo de decisiones que tomamos muchas veces sin ser realmente conscientes de a dónde nos conducirán. Demasiadas cosas prestadas al azar para poder considerarme dueña de mi propia existencia, y aún así creo que, únicamente, yo manejo mi vida.
Todos venimos a este mundo con un propósito. Hay quien está destinado a convertirse en presidente, a descubrir una vacuna que salve millones de vidas o un arma de destrucción masiva que acabe con ellas. Quien ha nacido para encoger nuestros corazones con dulces palabras sobre un escenario o el que cuando aún no era más que un par de células en el vientre de su madre, ya tenía sobre su conciencia el estigma de un asesino. Pero eso no significa que nuestro destino vaya a cumplirse sin más, sólo porque una predisposición genética así lo indique, o al menos eso es lo que quiero creer más que nada. El asesino no tiene por qué acabar matando, ni el genio convertido en un Premio Nobel y el músico virtuoso podría terminar malviviendo en una estación de metro, donde el único corazón que consigue  conmover, es el de aquél que siente lástima por su aspecto desvalido.
La vida es mucho más que ADN o  que los designios de una voluntad divina. No sé tú, pero yo  no me resigno a ser una marioneta. Me resisto a creer que no puedo cambiar mi destino, porque ahora que lo conozco, no se lo deseo ni a mi peor enemigo, bueno, puede que a él sí.
Y volvemos a las preguntas. ¿Y si no me hubiera empeñado en ir a esa tienda hortera? ¿Nos habría encontrado aquél hombre?
No lo sé. Puede que sí y puede que no. Puede que sí, que fuera inevitable y que si ese día no hubiera ido de compras, ese tipo nos habría encontrado en otro momento, en cualquier otro lugar. Pero quiero pensar que no, me aferro a esa idea como a un salvavidas. Necesito creer que mi juicio, mis elecciones, pueden alejarme de ése siniestro futuro que no deseo; porque si no es así, porque si a pesar de todo, el destino es mi dueño, no habrá un sólo lugar en el mundo en el que estéis a salvo de mí.


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14 de abril de 2012

¡Menuda sorpresa!!!

Acabo de entrar en Facebook y me he encontrado con una sorpresa muy bonita. Una chica, Marta Fernandez, blogger de las buenas y ávida lectora, ha creado una página para apoyar la publicación de mi novela. Contacté con Marta para ver si le interesaba leer la saga, apenas la conocía, me gustaban sus reseñas y pensé que su opinión sería la más sincera y objetiva junto con la de otras dos lectoras con las que contacté de la misma forma. La respuesta ha sido contundente, desde luego, y me ha hecho mucha ilusión ver con que ganas estas personas están apoyándome porque mis novelas simplemente   les gustan. 
Ha sido todo un detalle, que me hace recuperar la ilusión por lo que hago, y a creer que por muy mal que esté la cosa, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para publicar la trilogía.
Desde aquí, muchísimas gracias a Marta, y a todos los que le estáis dando a ese Me Gusta.
Pincha aquí si quieres verla.

13 de abril de 2012

Más reflexiones sobre el mundo editorial.



Llevo un rato con la mirada perdida en la pantalla del ordenador. Acabo de leer dos artículos que me han hecho pensar, otra vez, que los tiempos editoriales están cambiando a una velocidad de vértigo. Sí, cuando mis ideas se apaciguan, me convenzo a mí misma de que la clave está en la paciencia y vuelvo a centrarme únicamente en escribir; una nueva información rompe la burbuja y no me queda más remedio que mirar fuera de ella y detenerme a ver qué está pasando.
La entrada que hoy ha publicado la escritora Blanca Miosi en su blog y un artículo que he encontrado por casualidad en la red, han hecho que vuelva a reflexionar sobre los cambios que el mundo de la edición está sufriendo, se ha abierto una puerta que cada vez es más grande y que nadie podrá cerrar por muchos detractores que haya que aún abogan por los viejos tiempos.
En estos dos artículos se cuestiona el papel de los agentes literarios e indirectamente el de un gran número de editoriales tradicionales que hasta hace poco tiempo, eran los reyes indiscutibles a los que se veneraba, temía, y que si fijaban sus ojos en ti, podías sentirte afortunado entre los afortunados, porque la buena suerte había llamado a tu puerta. Pues parece que hoy en día ya no es así. Ya sea por la crisis o por el elitismo de estos medios, son muy pocos los que consiguen publicar en una buena editorial, incluso yendo de la mano de un agente de prestigio.

Yo tengo mis propias conclusiones al respecto, en este país hay decenas de agencias literarias, que a su vez cuentan con decenas de escritores en su catálogo, un par de cientos o más en algunos casos, y todos ellos quieren publicar. Eso se traduce en un número ilimitado de libros que buscan un hueco en el mercado. Muchas de estas agencias seleccionan cuidadosamente con quién trabajan, a qué editores enviarán sus manuscritos, buscando así el mejor contrato, el mayor beneficio para sus autores y, a su vez, para ellos. Y aunque no lo creáis, eso deja fuera a un buen número de editoriales que no cumplen con las expectativas. El margen de éxito para que un autor publique se reduce considerablemente porque su abanico de posibilidades se reduce por esta selección. Sí, que si X editoriales tienen X número de publicaciones previstas para ese año y reciben, sólo por parte de las agencias, X multiplicado por dos o tres, las cuentas no salen. Y esos privilegiados que conseguirán el ansiado contrato, casi siempre son los mismos, los ya conocidos, incluso consagrados, que garantizan un número de ventas. Por eso hay autores que esperan durante mucho tiempo, pegados al teléfono, esa llamada que les diga que son los siguientes. El problema es que esa llamada puede no darse nunca, y la impaciencia y el aburrimiento hacer mella en nosotros cuestionándonos hasta nuestro propio talento y las ganas de continuar.
La cosa se recrudece cuando eres novel, vender tu trabajo resultará mucho más difícil, incluso de la mano de padrinos con apellidos como Kerrigan o Bruna; no hay sitio para todos, señores, no en la publicación tradicional. Si Planeta va publicar X libros esta primavera, con suerte habrá alguno de un autor desconocido español, y para conseguirlo, habrán hecho una selección entre cientos, puede que muchos de ellos mejores que el afortunado, pero que en este momento no encajan, ya sea por temática o por otras muchas razones. Siguen sin salir las cuentas.
Son muchos los escritores que viven a la espera de la llamada mágica, haciendo acopio de grandes dosis de paciencia y confianza, dejan su trabajo en manos de otros, convencidos de que es lo mejor para su carrera, la posibilidad de un futuro reconocimiento mas allá del momento efímero de una primera edición. Pero cuando no llega, surgen las dudas y se plantean cuestiones. Los mismos editores y agentes reconocen que no saben qué escritor va a funcionar, y son los primeros en dudar de las posibilidades de un autor  novel para que una editorial se fije en él en los tiempos que corren. Entonces, ¿todo se reduce a la suerte, a la alineación de astros y a la mañana que el editor haya tenido? ¿Dependemos del azar? Muchos están encontrando las respuestas a estas preguntas, al cambiar la percepción que hasta ahora tenían del mundo editorial.
La llegada del gigante Amazon ha dado poder al escritor. Ahora tiene la posibilidad de publicar sus libros, de llegar a los lectores, quienes de verdad deben juzgar su trabajo, los que tienen la última palabra. Ahora puede cumplir su sueño de ser leído. Hay quienes llegan a este medio, hastiados de las negativas por parte de agentes y editores, por el poco interés y mimo que reciben de ellos. También los hay que tienen claro desde el primer momento que ésta es la única opción que les vale: ellos escriben, editan, publicitan y cuidan su trabajo, sin querer ni necesitar la ayuda de nadie, no comparten sus beneficios.
Hay ejemplos claros y evidentes que empujan a los que dudan a dar este paso. Éxitos como La Saga de los Longevos de Eva García Saénz o El Manuscrito de Blanca Miosi, han demostrado lo que un autor puede hacer si dispone de un buen trabajo, y como éste le es reconocido por los lectores. Y cada vez se dan más casos de autores que tras el reconocimiento de los lectores a través de la autopublicación, han logrado que esa editorial que en su día los rechazó, ahora beba los vientos por ellos: Amanda Hocking es un ejemplo. Más cercanos a nosotros, escritores como Armando Rodera o Fernando Trujillo, también han conseguido darle la vuelta a la ecuación. Es curioso como estas novelas, rechazadas durante mucho tiempo por agentes y editores, ahora son un fenómeno en ventas. ¿Qué es lo que falla entonces? ¿Es éste el único camino que nos queda? Un novel en estos tiempos ¿de verdad necesita marchitarse mientras agentes y editores dirigen un mundo en el que parecen no tener cabida? No lo sé, supongo que depende del caso, de la buena fortuna… quién sabe.
Yo formo parte de ese grupo de autores que tiene agente literario, además, puedo presumir de que es de las mejores en lo suyo, su nombre es sinónimo de prestigio y de verdaderos superventas. Llevo poco tiempo con ella, así que se supone que aún es pronto para saber si seré de los que se marchitan en la espera, de los que tendrán suerte o de los que tomarán las riendas de su carrera y me convertiré en una autora indie (me encanta este nombre).
Tengo amigos que defienden a capa y espada el papel de los agentes y los editores, que creen ciegamente que la única vía correcta para un escritor que quiere publicar, es la de tener paciencia hasta que una editorial giré la cabeza y los vea entre la multitud, sin importar el tiempo que eso les lleve. Tengo otros que empezaron con ilusión, confiando de esa misma forma y que se han cansado de esperar. A todos nos gustaría publicar con Alfaguara, Destino, Espasa, Roca o RHM, la mayoría se conformaría con mucho menos, no hay duda; pero eso es algo reservado a muy pocos, es como conseguir que te toque la lotería de navidad, toca, pero sólo a unos pocos.
Cada uno sabe qué espera de sí mismo como escritor, de su carrera, a qué aspira y qué significa para él la publicación. Partiendo de ahí, no es muy difícil tomar una decisión, admiro a aquellos que tienen el valor de desafiar a la industria y hacerse valer por sí mismos, demostrando lo que su trabajo vale y lo que las editoriales se han perdido, también admiro a aquellos que logran su objetivo de esa forma tradicional que tanto se ansía, al igual que también admiro a los que deciden esperar convencidos de que su momento llegará; porque lo que valoro es la tenacidad y las ganas que les ponen. Mientras, yo veré en qué grupo me acabo situando.

Un abrazo.




13 de marzo de 2012

Sobre literatura, imaginación y otras locuras.


Hoy he estado hablando con un escritor sobre editores, agentes, manuscritos; sobre lo difícil que es conseguir publicar y la cantidad de cosas negativas que vamos encontrando en el camino hasta conseguir, con suerte, que uno de ellos se fije en nuestro libro. Entre otras muchas, ha dicho una frase que me ha llegado al alma: No dejes que te hagan odiar la literatura.
He pasado un buen rato pensando en ello, ¿de verdad podría acabar odiando algo que amo tanto como es escribir? Pues si es así, no quiero imaginar qué tendría que ocurrirme para llegar a ese extremo.
Escribir es mi vida, es la única forma que tengo de poder desvariar, soñar e imaginar, sin que nadie piense que estoy loca.

–¿A qué te dedicas? Escribo, quiero ser escritora.
–Ahhhhh –sonríen, intentando que no se les note que te miran como si tuvieras un marciano en el hombro–. ¡Qué guay! ¿Y qué estás escribiendo?
–Bueno, ahora estoy con una historia fantástica. Un chico guapísimo clavadito a Taylor Lautner que descubre que en realidad es un experimento genético, un prototipo de arma de destrucción masiva que el gobierno de un país de esos que nadie conoce, quiere usar para destruir al resto del planeta. Por supuesto, hay una historia de amor. Se enamora de  una chica preciosa, lista y sexy; amiga –mira tú por donde– de la novia del cirujano experimental que conseguirá desactivarlo unas décimas de segundo antes de que provoque una fusión nuclear –suelto, al borde de la asfixia.
–¡Vaya, suena genial, como una peli!
–Sí, ¿verdad? –asiento emocionada.

Ha colado, ahora te miran como si fueras alguien especial. Lo que no he dicho es que, en realidad, eso es lo que estuve imaginando toda la tarde mientras hacía la colada y fingía planchar ropa, con mirada ausente tras haber visto la película Sin Salida. Y sí, yo era la prota. Lo admito, soy un fanfic con brazos y piernas y una sonrisa de lo más simpática. Y lo mejor es que, mientras soltaba la parida, una nueva historia para un libro tomaba forma en mi cabeza. ¡Dios, voy a necesitar cuatro vidas para escribir todo lo que tengo almacenado!

Vivir en las nubes debería asumirse como un estilo de vida más, no como un excentricismo, indicio de locura transitoria o… crónica, depende del caso. Mi ánimo en el día a día, pensamientos y sueños cambian dependiendo de lo que esté leyendo o escribiendo en ese momento. Cuando me dio por la fantasía épica, era capaz de emocionarme a moco tendido mientras iba en el autobús, imaginándome escenas de lo más trepidantes y tiernas con mi Aragorn del alma. Si hasta caminaba con la agilidad y el sigilo de un elfo, algo que viene muy bien a la hora de escaquearte de la vecina de turno, que duerme de pie junto a la mirilla de la puerta. El terror casi me provoca un trauma, ahora lo dosifico, no porque me diera por vivir aterrada bajo la cama, sino porque tenía cierta tendencia a encariñarme con el psicópata de turno. Cuando empiezas a acariciar el cuchillo de la carne como si fuera el torso de Paul Wesley, es que tienes un problema. La literatura juvenil ha terminado de abrir la caja de los truenos, para ser más exactos, el género paranormal. ¡Cómo me gusta escribir historias de este tipo! ¡Me encantaaaaa! Acabo enamorada como una pánfila de cada uno de mis protagonistas masculinos, y mientras el romance dura, soy feliz como una perdiz. Me quieren, me miman, me adoran, me hacen sufrir, llorar, me ponen celosa grrrr… y tras un final de película, mi peor defecto termina con todo de un plumazo: soy infiel por naturaleza. Así que tras mi primera historia de amor con William, mi vampiro atormentado, tan letal con una daga como Hellboy cuando amenazan a un gatito, vino Adrien, un ángel un tanto especial; intenso, pero no duró. Ahora me derrito con Nathan, un brujito caradura y con mal carácter, pero que me hace suspirar. No me lo puedo quitar de la cabeza, discutimos en el desayuno, en la comida y antes de dormir, tiene la fea costumbre de aparecer cuando estoy tomando un café con mis amigas. La última vez terminé de confirmarles que estoy loca de remate: “¿Quién tiene papel y lápiz? ¿Quién tiene? ¡Venga, que se me olvida! Acabé anotando cuatro palabras sin sentido en el iPhone y casi tengo que llamar a un especialista en códigos secretos para desencriptarlas. Gracias a que vivo en las nubes y que nunca dejo de fantasear, puedo escribir mis novelas.

No puedo evitar soñar despierta, imagino historias constantemente, mientras ando por la calle o destrozo la cocina intentando fabricar algo comestible o hago la compra; y el cine es mi perdición. He besado a Spiderman bajo la lluvia, sólo que la chorrada de hacerlo boca abajo la eliminé del guión, la mía era mejor. Le he salvado el pellejo a Batman (Christian Bale) infinidad de veces, y he visto atardecer junto a Conan mientras me decía: “Yo Conan, tú María”. Vale, eso es de Tarzán, pero es que a mí Johnny Weissmuller como que no. En cambio Jason Momoa, alias Khal Drogo, me baila la danza maorí y da dos sacudidas de melena y me tiene en el bote, y mira que la película era mala.
Y ya podéis imaginaros qué ocurrirá cuando estrenen la nueva película de Superman con Henry Cavill de protagonista. Sí, la loca de la noticia en el periódico al día siguiente seré yo. Mujer poseída por un extraño frenesí, salta desde una azotea gritando: ¡A que no me coges!
Se nota que ahora me ha dado por escribir romance, ¿no?

¿Cómo voy a odiar algo que llena mi vida de tantas cosas maravillosas? La literatura, escribir, es una forma de vida, contar a los demás historias que te emocionan y que te mantienen viva es lo mejor del mundo.
El problema es que sí se puede acabar odiando la literatura, cuando escribes con ilusión y después, cuando intentas cumplir tu sueño, sólo encuentras  editores o agentes que no se toman la molestia de contestar nunca, puertas cerradas y muchas trabas. Se necesita mucha paciencia para ser autor hoy en día. Confianza en el trabajo que hacemos y en que nuestras novelas tienen el alma necesaria como para encontrar el hueco que se merecen. Así que no dejéis que nadie os haga odiar la literatura, ¿vale?

Un abrazo.



8 de marzo de 2012

¡Vampiros, huid!

Toca actualizar el blog, y nada como una entrada personal, a modo de diario, para hacerlo.
“Mi gozo en un pozo”, así podría titularse este post, pero sería demasiado negativo, y no lo escribo con ese sentimiento.
He recibido un email de una editorial, no suelo hablar mucho de mi vida personal, ni laboral, tampoco doy demasiadas explicaciones sobre las cosas que me ocurren en este mundo literario; pero por una vez, voy a hacerlo. Leed y pensad:

<<Seré totalmente franca. Estoy acabando la novela, pero creo que tengo clara mi posición sobre la obra. Está muy bien escrita, los personajes son muy creíbles, … es todo perfecto, el único inconveniente es que ahora, y te digo ahora porque no sé qué va a pasar en el futuro, no nos queremos decantar hacia el tema de los vampiros. Mis jefes no quieren arriesgarse con un tema que está tan trabajado, hay demasiadas sagas que aún se están completando, y que no tienen el tirón que tenían hace un par de años. Además, con un nombre desconocido, la cosa se complica más.
Tu obra es perfecta, no suelo decir estas cosas pero en tu caso es imposible no hacerlo. Tampoco descarto que dentro de un tiempo volvamos a ponernos en contacto con una respuesta positiva, el mercado cambia constantemente.
Lo que sí te pediría es que cuentes con nosotros cuando termines tu nueva novela, de verdad estamos interesados en ti y en tu trabajo>>

Hace menos de un mes, una editora me comentó algo  muy parecido, si en vez de vampiros, fueran otros seres, ya estaría en imprenta. La idea se generaliza, las editoriales que se han interesado alargan en el tiempo su decisión sobre si se arriesgan o no con otra saga de chupasangres. Por mera curiosidad he hecho un recuento de sagas publicadas en los últimos dos, tres años con el mismo tema en común, y es cierto que hay unas cuantas; pero también es cierto que las hay incomibles, otras son buenísimas, y por suerte, la mayoría no se parecen entre sí más allá de los detalles que acompañan por naturaleza y leyenda a estos seres literarios Y no sólo eso, dando un paseo por algunos blogs de literatura, me he encontrado con comentarios despectivos hacia ciertos libros con los no muertos como protagonistas: “No lo he leído porque va de vampiros, más de lo mismo” “paso de leer esa saga, con Crepúsculo ya tuve suficiente”… si sigo, podría hacer una recopilación de lo más interesante. Lo que me sorprende es que la mayoría, emite esos juicios sin haber leído las novelas, hacen comentarios negativos que afectan a esos autores y, a su vez, a otros libros. Es como una gran bola de nieve que crece y crece y toma relevancia; y así nacen y mueren las modas… sí, por mucho que nos pese  a los que salimos perjudicados.
Los vampiros, sobre todo si se encuentran en una novela juvenil urbana, están pasados de moda. Son sinónimo de poca comerciabilidad, editores y distribuidoras huyen de ellos en estampida, no importa lo original y atractivo que sea el libro que has escrito, o que esté muy bien escrito. Habría una remota posibilidad de colocarlo en el mercado, si la trama tuviera lugar en un mundo distópico, que es lo que ahora llama la atención entre el público del género juvenil; y aún así, no creo que las tuviera todas conmigo.
Acabé el primer volumen de mi trilogía en dos mil nueve, por lo visto, aquél entonces hubiera sido el momento perfecto. Pero el tiempo se fue entre correcciones, pulidos y dudas; después en la búsqueda de agencia, y cuando la novela estuvo en manos de mi agente, dispuesta a comerse el mundo, había caducado.
Asumido esto, ¿ahora qué? Sinceramente, no tengo ni idea. No me preocupa en exceso, porque estoy tan sumida en mi nueva novela que apenas consigo pensar en algo que no sean sus personajes, y la continuación en cada nuevo capítulo se ha convertido en el tesoro donde he depositado mis nuevas esperanzas. Pero mi trilogía sigue siendo mi niña bonita, de la que estoy orgullosa –no lo digo por vanidad, sino porque confío en las opiniones de aquellos que la han leído y opinan que está bien, empezando por esa mujer estupenda, apellidada Kerrigan, que opina que lo es. Y creo que de este tema, algo sabe.
He pensado enviarla a un concurso de novela juvenil que pinta bastante bien, pero si aplico la lógica, es una pérdida de tiempo. El criterio de selección abarcará muchos aspectos, entre ellos el comercial, y si los vampiros ya no tienen cabida en las librerías, dudo mucho que llamen la atención en ese concurso.
¿Y entonces? ¿Publicación independiente? La idea me pone ojitos, parpadeos inocentes que me tientan, y el proyecto crece en mi mente sin que me parezca una idea disparatada. Incluso, ya visualizo la portada, tan clara como la mano que la diseñaría, mi querida Sonia M. Corral. Lista para ponerse a ello en cuanto le de luz verde.
No obstante, me gusta hacer las cosas con calma. Dejaré que el tiempo pase un poco más, y mientras termino mi nuevo libro, meditaré muy bien qué hacer y cómo hacerlo. ¿Quién sabe? Puede que, mientras tanto, otra editorial diga que sí.
Ya os contaré.