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Participantes del sorteo

martes, 4 de septiembre de 2018

¡Hola!

Estas son las listas con los participantes del sorteo.
Hay una nacional y otra internacional.
Algunos habéis pedido como premio mi saga Almas Oscuras. Siento deciros que esos libros no estás disponibles en papel ni forman parte del sorteo.
Los ganadores serán elegidos mediante un generador de sorteos online y los publicaré mañana en Instagram.
Mucha suerte a todos y gracias por participar.

Escribir es para mí...

sábado, 28 de abril de 2018




¿Os cuento un secreto? Ningún escritor, absolutamente ninguno, va a imaginar, crear y desarrollar la misma historia que otro aunque ambos comiencen con igual premisa o idea general de la trama.
¿Por qué? Por los detalles. Esas pinceladas de nuestra personalidad que nos hacen únicos. En ellos reside la originalidad, ya que esa originalidad no depende tanto del tema como del modo de tratarlo. Y no hablo de descripciones interminables sobre el aspecto de los personajes o el escenario, lo que le gusta comer al protagonista, la música que escucha, si prefiere el té al café, de qué color está pintada su casa, qué ropa usa en cada momento... Todas esas curiosidades realmente no contribuyen a sumergirnos en la historia o a empatizar con los personajes, son otras las que sí pueden marcar la diferencia entre una obra aburrida y otra interesante. Una obra que funciona y otra que fracasa.
Entonces, ¿a qué detalles me estoy refiriendo? A los que estimulan los sentidos del lector. Éste debe ver, oír, sentir e incluso oler el mundo que le estás presentando; y el mejor modo es a través de las emociones. Por ello debemos perder el miedo a correr riesgos, a ser sentimentales, honestos con nuestros pensamientos, a revelar cosas de nosotros mismos y despojarnos de cualquier tabú mientras escribimos. Si tú te conmueves al imaginar una escena, es muy posible que el lector también se conmueva.



Si escribes sin restricciones y con sinceridad sobre cómo ves y sientes las cosas, tus personajes y las situaciones que plantees, las consecuencias, el significado, todo aquello que plasmes tendrá una carga emocional que estimulará al lector. En esa estimulación reside la originalidad, aunque se trate de un tema recurrente y trillado sobre el que ya han escrito otros muchos antes. Porque tú eres único y nadie más verá esa  historia cómo tú lo haces, nadie la contará como tú. Nadie.
Estoy a pocas horas de escribir la palabra FIN en mi último trabajo, un proyecto muy diferente a todo lo que he hecho hasta ahora; y puede que, por ese motivo, haya sido más consciente que nunca de los errores que estaba cometiendo. Errores en los que he caído con el tiempo porque olvidé lo realmente importante, aquello por lo que empecé a escribir, y me centré en aspectos más técnicos  e impersonales.
En una novela de ficción, la historia es lo que importa, más que cualquier otra cosa. Empecé a darle demasiado valor a la técnica, la normas, las críticas... Por ejemplo, si alguien decía que mi personaje era muy machista, al siguiente lo creaba opuesto. Entonces surgían otras voces  que tachaban a este último de perfecto y blando, porque los malotes gustan más. Mi frustración por encontrar un punto medio entre esas contraposiciones me daba muchos dolores de cabeza.



Y lo intentaba una y mil veces, ignorando lo obvio: es imposible contentar a todos los lectores. Así que, mientras divagaba entre una gramática y estilo perfectos, y el deseo de gustar e impresionar a todo el mundo, me olvidé de lo primordial: la historia que desde el principio quería contar. De todo ese cúmulo de ideas sin adulterar que aparecieron en mi cabeza.
Escribir una buena historia, y hacerlo bien, es extremadamente difícil como para complicar la tarea con cosas que, al final, apenas podemos controlar. Escribir no se trata solo de lucirte con tu bonita prosa, hay que saber enlazar cada parte de la historia, escribir buenos diálogos y describir cada escena para que el lector pueda cerrar los ojos e imaginarlo todo al detalle.
La historia prima sobre la estructura.



Escribir es miedo a no encontrar la siguiente palabra y nunca se deja de sentir; y, aun así, sumergirte en esa locura que es la creación.
Escribir es sentarse ante una página en blanco y crear algo hermoso o divertido o desgarrador. Sentirte bien cuando logras acabar un proyecto. Saber que todos los malos escritores piensan que son brillantes y los buenos se sienten terribles. 
Que publicar es el destino si así lo queremos, pero antes tenemos que realizar el viaje y disfrutarlo.
Escribir es aprender a ser paciente. Aceptar que es muy difícil. Cualquiera puede unir palabras, pero dotar a esas palabras con el poder de tocar corazones y cambiar vidas no es una habilidad corriente. Se necesita talento, destreza, perseverancia y mucho trabajo. También disciplina.
Es superar la fase de las modas, las tendencias o los dictados de la industria editorial y escribir solo aquello que nos nace en el interior. Sin corazón no hay sentimiento. Si algo te apasiona, si estás convencido, tiene muchas más posibilidades de funcionar.
Escribir es asumir desafíos que te arrastren fuera de tu zona de confort. 
Se un crítico feroz contigo mismo.
Lo cierto es que la mayor parte del tiempo no sé lo que estoy haciendo o diciendo. Estos tips son como un mantra que sigo y me repito. Creo en ellos, pero no sé si los aplico bien. 
Sí sé lo que quiero e intento desde que convertí mi pasión en mi trabajo. Quiero escribir cada día un poquito mejor. Inspirar, educar, entretener, alcanzar el corazón y la mente de quien me lee. Mostrar en lugar de contar. Pintar escenas con palabras. Eso es escribir para mí.




Cosas de escribir: ideas

lunes, 22 de enero de 2018





¿De dónde sacas tus ideas? ¿Cómo se te ocurre una historia? ¿Cómo creas un argumento? ¿Cómo haces para escribir tus novelas? ¿Cuál es tu proceso creativo?
No imagináis cuántas veces, a lo largo de su carrera literaria, le hacen estas preguntas a un escritor. Estas y otras muchas variantes que, al final, pretenden averiguar lo mismo. 
Yo siempre respondo con la verdad:

—No lo sé.
—Aparecen sin más.
—No tengo método, ni pautas. Por no tener, muchas veces no tengo nada de nada. Aventurera que es una.

Estas respuestas no suelen gustar, porque, en cierto modo, la gente espera que compartas tu «gran secreto» con ellos. La fórmula mágica que escondes en el cajón y que no quieres enseñar. Nada más lejos de la realidad. El dónde, cómo y cuándo es un misterio para mí. Aún hoy, cuando hojeo mis libros, me sigo sorprendiendo de que cada palabra haya salido de mi cabeza.



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