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Los (mis) lectores cero.

9/17/2016
No es la primera vez que me encuentro con esta situación: amigo, conocido o lector que se ofrece como «lector cero» de mis novelas. Un mensaje, un email, un comentario en el que me brindan de forma desinteresada echarle un ojo a mis escritos y ayudarme a pulirlos. Es un interés que agradezco, pero que siempre rechazo con pesar, sobre todo si proviene de alguien a quien aprecio mucho.
Ser lector cero de un escritor implica mucho más que leer una novela inédita y dar tu opinión. No puede hacerlo cualquiera por muy buena intención que tenga.
Como siempre que hablo sobre algún tema, todo lo que voy a comentar en este post se basa en mi experiencia personal como escritora. Puede que algunos no estéis de acuerdo, que vuestra experiencia haya sido distinta… La mía no deja de ser una opinión más.
 
Es mi opinión.


Empezamos.
¿Qué es un lector cero? Un lector cero es una persona que lee tu novela antes de que ésta se publique. ¿Así de fácil? Pues no, no es nada fácil. Un lector cero pone tu obra a prueba antes de que llegue a manos de sus lectores potenciales y debe tener la capacidad para valorar los distintos aspectos de ese manuscrito. Te dará la primera impresión, estará atento a los detalles y, por encima de todo, sería genial que conociera tu estilo y que existiera cierto grado de simpatía para que quiera ayudarte a mejorar de verdad, no un mero compromiso. Aunque también debe mantener la distancia suficiente para que esa simpatía no afecte a la hora de resaltar lo negativo. Cuando algo se hace de corazón, se nota en el resultado final.

Me quieren, las quiero... y luego nos odiamos un rato.

Un buen lector cero debe ver esas cosas que has pasado por alto, tanto en el lenguaje como en la trama, esos huecos o fallos generales que tú no has logrado ver. Y mucho más. Dicho así parece difícil. Yo creo que lo es, y mucho; además de una gran responsabilidad.
Pero como este post no deja de ser una opinión muy personal, voy a contaros un poco cómo ha sido mi experiencia con ellos desde que comencé a escribir.
Acababa de terminar Pacto de sangre cuando tuve mi primera noticia sobre esta labor. Un día, una escritora novel que había leído un artículo en mi blog se puso en contacto conmigo. Una cosa llevó a la otra y comenzamos a hablar a menudo. Me aconsejó que buscara opiniones sobre la novela antes de enviarla a las agencias, y me recomendó a las administradoras de un grupo de Facebook sobre libros paranormales. Me puse en contacto con ellas y aceptaron leer el manuscrito.

Gracias, gracias, gracias... :)

Esas mismas personas acabaron convirtiéndose en amigas y continuaron leyendo el resto de obras que iba escribiendo, me daban su opinión y me marcaban algunas erratas que encontraban. Siempre, siempre, siempre, les estaré agradecida por su ayuda desinteresada en todo momento, por su amistad y por todo ese tiempo que me regalaron. Pero con todo lo que sé ahora mismo, lo que hacíamos entonces no encaja en mi idea actual de lo que es un lector beta. Lo sé porque dos de esas personas siguen conmigo, leyendo cada uno de mis textos, y todas hemos aprendido con el tiempo a hacerlo mejor. Aprendiendo, formándonos y estableciendo unas normas básicas para que una relación de este tipo funcione y dé resultados positivos. No siempre es fácil.

¡Cuánto trabajo da esto!

Antes les pasaba un manuscrito, lo leían y la respuesta siempre era la misma: me ha encantado, es genial, yo no veo nada malo…, aquí te falta una coma, aquí te has comido una s. Así era, por el desconocimiento, porque lo pensaban de verdad o porque la amistad impedía que quisieran hacerme daño siendo sinceras. Hacer las cosas de esta forma no era bueno para nadie, ni para ellas ni para mí. Eran amigas que leían lo que yo escribía, pero lectores cero como tal, no, creo que no. En este momento, ellas tampoco creen que lo fueran.
Pero como decía antes, las que ya estábamos aprendimos, y encontré a otras personas con una idea mucho más clara sobre este trabajo. Ahora puedo presumir de que tengo un grupo de personas a mi lado, que me ayudan muchísimo. 
¿Quiénes son? Nazareth Vargas, Yuliss Hale, Tamara Arteaga y Cristina Más. Lo son desde hace casi dos años y espero que sigan muchos más. Entre ellas hay lectoras editoriales, traductoras y abogadas. Y son mis ojos, el codazo en las costillas que a veces duele y, sobre todo, se preocupan por mis obras tanto como yo. 

Esperad, que me tomo otra y ya, si eso, me lo decís.


¿Y qué hacen? ¿Por qué las necesito? ¿Qué me aportan? Tantas cosas. Voy a intentar no enrollarme y ser concisa.
Para empezar, ellas no son críticos literarios, ni escritores profesionales, ni correctores editoriales que cobran por hacer estas cosas. Yo nunca les he pagado, ni a ellas ni a nadie. Mi nombre no es un reclamo de ningún servicio que puedan prestar, porque no se trata de eso.
Ellas son conscientes de que la opinión que dan no es más que otra opinión de las muchas posibles. 
En resumen, me ayudan a poner a punto mi obra. Pero si nos extendemos un poco más en la explicación, veréis que es bastante complejo.
Ellas son personas que leen mucho, y de todo. Algunas tienen experiencia como lectoras editoriales. Son sinceras y muy críticas. Y por encima de todo, confío en ellas. No solo porque esté compartiendo una obra inédita contratada y firmada, y cuya filtración, plagio o pirateo sería nefasto tanto para mí como para la editorial; sino porque sé que si el texto es una mierda, me lo van a decir sin paños calientes.

Yo también os quiero (asesinadas, colgadas... ¿cómo que es una mierda?)

Respecto al tema de la confianza. El miedo a las filtraciones o pirateo es normal cuando no hay seguridad con el lector. Hace mucho tiempo, un escritor me confesó que «marcaba» sus manuscritos. Usaba una marca diferente para cada lector: un juego de palabras, una frase..., que solo él sabía cuál era y dónde estaba. Así, si la obra aparecía en algún sitio, podía identificar la procedencia. Es cierto que puede parecer un poco paranoico, pero pensad en los meses de trabajo escribiendo, la ilusión, todo lo que supone sacar una historia adelante. ¿Cómo no vas a ponerte paranoico? Yo le copié truco. ¡Sip!

Seeeppp, es posible que lo haya hecho, varias veces...

¡Ay, que me disperso! La labor de mis lectoras es importante porque me aportan una distancia crítica que yo no tengo con mi novela al estar demasiado implicada. Ellas son ajenas a mi cariño y ven el trabajo con perspectiva y sin condicionantes, que les permiten detectar errores de muchos tipos. Analizan cada página para asegurarse de que no hay cabos sueltos, de que los giros no son demasiado evidentes cuando es necesario que sorprendan y que estén bien construidos, sobre todo los dramáticos, para que tengan el efecto correcto en los lectores. Yo, que abro muchas subtramas, necesito mil ojos para asegurar que ninguna queda abierta o mal cerrada. Incoherencias o fallos en el contenido.

¡Por Dios, también quiero este par de ojos!

Los personajes son otro punto importante y siempre les pido que se fijen mucho en ellos, por si en algún momento se desdibujan o pierden su personalidad o la voz en los diálogos. Cuál es su favorito y por qué, qué cosas no les han gustado de ellos. Todo ayuda a perfilarlos, a completarlos y que sean más reales y creíbles.
La ambientación, los escenarios, el desarrollo de los espacios. Se fijan en que las descripciones sean claras para situar al lector, sin confusiones y sin excesos.
Tratan de cazar todo aquello que sobra y de pescar lo que falta. De paso me ayudan a corregir erratas. Odio las erratas porque, llega un momento que tengo tan viciado el texto,  puedo pasar cien veces por encima de una y no verla. Fallos graves a nivel ortográfico o gramatical. Me señalan las frases confusas o mal construidas… La fluidez, la rapidez de la lectura, si decae en algún momento o pierde el ritmo, si va demasiado rápido, o si aburre en algún instante.

¡Ay, no, ésta se ha colado! Borra, borra...

No tienen miedo a decirme las cosas, y menos si son malas. Esas son las que de verdad necesito conocer para poder subsanarlas y que la novela gane unos cuantos puntos. Yo necesito críticas constructivas, no alabanzas. Por suerte, ellas ya me conocen y saben qué necesito y cómo lo necesito. También tienen muy claro cuál es mi estilo y la intención que quiero transmitir. En Una canción para Novalie necesitaba remarcar los sentimientos y sabía que iba a ser muy pastelosa. Respecto a eso, siempre respetaron esa premisa en su valoración. Al contrario que en Cruzando los límites, que es un poco más sexual. Es importante que tus lectores cero te conozcan en ese sentido.

Pues yo os voy a fundir hasta los huesos

Como veis, es mucho lo que un lector cero hace, y no se reduce solo a leer y decirte «me ha gustado».
También es cierto que errar es de humanos y que no siempre tienen razón en todo momento. Pero pueden tenerla y escuchar con humildad, saber encajar las críticas y dar las gracias por ellas con una sonrisa, es solo un poco de lo mucho que merecen. Ahora, cuando todas coinciden en lo mismo, como ocurrió con el final de Palabras que nunca te dije, no queda más remedio que sentarte, respirar y añadir otras dos páginas a ese epílogo.

¡Y qué epílogo!
Awwwwww





Serie Cruzando los límites y el orden de los libros.

8/03/2016



No sé a vosotros, pero a mí se me está pasando el verano casi sin darme cuenta. Los días se suceden a una velocidad que me cuesta seguir. En fin, que el tiempo pase tan rápido tiene algunas cosas buenas, como que la publicación de Palabras que nunca te dije se va acercando. Dentro de nada estaré liada con las galeradas, los nervios con las pruebas de portada y las ganas de ir contando detalles. Aunque esta entrada no es para hablar sobre esta novela. No. Y no por falta de ganas, ¡eh!


Quiero explicar una cosa sobre la serie Cruzando los límites.
Esta serie se ha convertido en mi llave mágica, la que ha abierto la puerta a otras dimensiones que nunca imaginé que conocería. Gracias a ella, cada día me descubre un nuevo lector, alguien que se anima a seguir leyendo mis historias, a comprar los libros y llevárselos a casa con un trocito de mí.


¿Y a qué viene este rollo? Desde que salió publicada Rompiendo las reglas, han sido muchos los lectores que han contactado conmigo contándome que me han conocido gracias a este libro. Que si paseando por la librería lo habían visto y se habían fijado en la portada, que si les había llamado la atención la sinopsis… Y les había gustado tanto que a continuación se habían hecho con el primero.
Y ahora os cuento el porqué de este post. Cruzando los límites es una serie de libros independientes, con distintos protagonistas y un final cerrado  para cada novela. Es cierto que por estos motivos se podrían leer los libros sin un orden establecido, pero como autora me gustaría dar un consejo a todos aquellos que aún no hayan leído ninguna de las dos historias y quieran conocerlas. Empezad por el primero, por Cruzando los límites.


Estos libros son independientes, pero también son especiales porque, pese a ese detalle, están entrelazados entre sí de un modo muy profundo. La primera historia presenta a unos personajes que continuarán apareciendo en las siguientes entregas. El orden de los acontecimientos es cronológico, se desarrollan en el mismo escenario y quienes ya me conocen saben que no doy puntada sin hilo, por lo que hasta el último detalle tiene su por qué. No solo en el argumento en el que aparecen sino también en los que le sucederán con cada parte.
En la historia de Caleb y Savannah ocurren cosas importantes que es bueno saber para entender otras en la segunda novela; sin contar con que en ella se nos presenta a Tyler y Cassie, y es bonito conocer sus primeros encuentros para situarnos en el contexto adecuado cuando nos sumerjamos en Rompiendo las reglas.


Bueno, y si ahora considero importante leerlas siguiendo el orden de publicación, ni os cuento lo primordial que será este orden con la tercera entrega. Los MEGA SPOILERS serán de órdago y perdería toda la chispa; y si a esto le sumamos el desconcierto que supondrá estar perdido entre recuerdos y vueltas al pasado que, si no conocéis, os despistarán por completo, pues desastre total.
Como autora y madre de las criaturas, os aseguro que leerlas en orden tiene una magia especial. Adentrarse en Port Pleasant con la llegada de Caleb y seguir el guión al mismo ritmo que los personajes, hará que sea mucho más divertido descubrir las pistas y sorprenderse con los giros.


Aunque esto es solo una sugerencia, claro está. La última palabra es vuestra y quién soy yo para decir nada cuando soy feliz solo con saber que le estáis dando una oportunidad a mis novelas.

¿Más cosas? Sí. Aprovecho para contestar algunas de las preguntas que más me plantean.

1. ¿Cuándo saldrá publicada Palabras que nunca te dije? Pues si nada cambia hasta entonces, verá la luz a principios de marzo de 2017. No, no es New Adult. Esta vez os presento una historia romántica adulta. Y, por favor, dadle una oportunidad aunque el género no os vaya mucho, porque en esta novela sigo siendo yo, mi estilo. Eso no cambia y me vais a reconocer en cada palabra, al mismo tiempo que vais a descubrirme porque esta historia no se parece a nada que haya escrito antes.



2. ¿Cuándo saldrá publicada la tercera parte de Cruzando los límites? No hay fecha programada. Esta novela quiero escribirla con tranquilidad, sin presión, con todo el tiempo del mundo para lograr una historia perfecta a la altura de las anteriores. Y si las supera mejor que mejor. Aun así, soy una escritora que trabaja rápido cuando tengo inspiración y en este momento tengo mucha.


¡Esta no es broma! (De qué cosas se da cuenta la gente).
3. ¿Por qué han desaparecido de mi Pinterest los  tableros de los nuevos proyectos? ¿Los he abandonado, no voy a escribirlos? No han desaparecido, simplemente los he ocultado.  De momento los he guardado solo para mí porque suelo cambiarlos a menudo (rostros que inspiran a los personajes, lugares, escenas concretas) y me he dado cuenta de que son muchas las personas que los siguen y la posibilidad de spoilers es grande. Quiero mantener el misterio hasta el final, sin sospechas ni suposiciones hasta que cada proyecto sea una realidad que se pueda tocar. Pero esos proyectos están ahí y trabajo en ellos. Paranormal, new adult, romántica adulta… Si no exploto antes, hay «María y sus historias» para bastante tiempo.







 ¡Os cuento más cosas a la vuelta de vacaciones!



Escribir es una terapia

6/29/2016







¡Desconexión! Creo que es el primer año en mi vida que de verdad necesito un apagón completo, y no me refiero a descansar del trabajo (que sí, también), ni a esconder todos los dispositivos electrónicos, dar de baja internet y perderme en medio de cualquier parte aún por descubrir. Me refiero a mí, a hibernar, a la criogenización hasta septiembre, a un rayo paralizador, a un desmayo de 60 días o un simple botón de pausa que apague mi cerebro. Pero como nada de esto es posible (con ciertas garantías de supervivencia, claro está), pues voy a poner en marcha otras tácticas de evasión. ¿Cuáles? He abierto un buzón de sugerencias y se admiten todas.

¿Alguna sugerencia?

Este cansancio acumulado no es por el trabajo. Me encanta escribir, es lo que más me gusta junto con los hermanos Winchester y Chris Pratt, y el café, y las novelas con romance, y esas horas al teléfono con las amigas. 

¡Torso king size ideal para apoyar la cabecita!

Por cierto, ¿sabíais que existen teléfonos que al superar las dos horas de conversación se desconectan? Pues existen, y menos mal, de no existir imaginaos el drama al colgar el teléfono y encontrarme a mi hija a punto de graduarse en la universidad y a mi marido teniendo citas a través de Meetic. ¡OMG! ¡Y mis pelos!

¡Dos meses sin depilarme!

Mi necesidad de desconectar se debe a que se me ha frito el cerebro por un millón de cosas. No sé decir NO y pasa lo que pasa.
No sé cuántas cosas os pedirán a vosotros al cabo de una semana, a mí me piden muchas. Correos, mensajes, entrevistas, cuestionarios para trabajos, dedicatorias para los momentos especiales de algunos lectores, libros y marcas para concursos, colaboraciones con artículos… Os voy a confesar que en este momento no recuerdo a quién le prometí qué, ni qué he contestado ni qué  no, ni si he enviado lo que dije que enviaría o no… ¡Nada! He llegado a un punto de caos absoluto que me es imposible ordenar física y mentalmente. Así que desde aquí os pido disculpas por todo aquello que ya debería haber hecho, enviado o contestado, y que no he hecho. Podéis recordármelo y lo intentaré.


En apenas un año todo se ha multiplicado por cien, hasta los problemas. Yo que por no discutir instauré la anarquía en casa y asumí sin ningún problema que los bocadillos de Nocilla son nutritivos y una cena sana. ¿Y sabéis otra cosa? Es imposible decir SÍ a todo el mundo, es imposible trabajar con todos y es imposible agradar y llevarse bien con cada persona que nos rodea. De igual modo que es muy difícil ser justa con todas esas personas y quimérico no equivocarse alguna vez. Y cuando te equivocas constantemente como yo… ¡Ay!

No sé si reír o llorar.

Al final acabas pensando como jamás creíste posible en ti y diciendo cosas como «Yo a lo mío y paso de todo». Porque es inevitable sucumbir a la presión social y psicológica, y no es justo que un logro personal se convierta en algo malo, indigno e inmerecido porque otros se empeñen en contaminarlo. Debemos sentirnos orgullosos de nuestros logros si los hemos conseguido con empeño, esfuerzo y sacrificio, y no debemos permitir que nadie nos haga débiles y arruine nuestro momento. ¿Cómo? No dejando que lo malo nos afecte y nos desmantele esos buenos momentos. Nada de quedarse en pausa. Hay que avanzar, pelear con voluntad y ganas por lo que ya hemos conseguido y por aquello a lo que queremos llegar. Frustrarse por la incapacidad de otros de estar satisfechos no merece la pena, en ningún ámbito de nuestra vida.


Puede que muchos no estéis de acuerdo con estas ideas, o que no entendáis lo que trato de explicar, pero las personas creativas, como los escritores, son, en cierto modo, algo vulnerables; o mucho. Cuando escribimos lo hacemos en soledad, y cuando estás solo, inmerso en tus pensamientos, es cuando de verdad aflora tu verdadero yo, te muestras como eres y te expones sintiéndote desnudo. Te invaden los miedos, las dudas, y pasas el tiempo intentando acallar todas las vocecitas de tu cabeza que te dicen que no eres lo suficientemente bueno para dedicarte a esto. Ya tenemos bastante con nosotros mismos y nuestras inseguridades, como para permitir que desde fuera nos hagan más vulnerables.

Nop
Las personas que te quieren bien te animan, te escuchan y te aportan. No te frenan, ni te obligan, ni tratan de hacerte cambiar. Nos tiene que importar un cuerno lo que piensen los demás, incluso lo que digan, porque quien bien te quiere no te hará llorar ni sufrir. Nadie puede decirte cómo debes ser, pensar, ni lo que debes hacer. Las equivocaciones y los reveses no son fracasos, son evolución y aprendizaje. No debemos dejar que nos limiten las decepciones. Debemos cambiar lágrimas por sonrisas y obstáculos por oportunidades. Es fácil quejarse por todo y no hacer nada, y acabar en un bucle odioso de atención a lo negativo y de sentimientos desagradables que lo único que logran es agravar conductas que nos perjudican. Esas conductas nos vuelven pasivos y retroalimentan la negatividad, la autocompasión y el autoengaño.

Déjate de tonterías, eres el mejor.
Todo esto lo he aprendido en muy poco tiempo y a un ritmo demasiado rápido. Suele pasar cuando vives en tu burbuja segura y de un día para otro se rompe y caes de morros en un mundo muy grande más allá de tu familia, amigos y tu zona de seguridad. He descubierto que el secreto de la felicidad no es inalcanzable, con tener una actitud realista ya tendremos parte de esa felicidad asegurada. La otra se podría lograr siendo optimistas, positivos, y teniendo claro que nuestro tiempo es limitado como para malgastarlo viviendo la vida de los demás. Debemos vivir nuestra propia vida.

Vive para ti.

Y por todo este rollazo que acabo de soltaros, es por lo que necesito una desconexión urgente antes de que mi cerebro acabe refrito. El lunes comienzan mis vacaciones y me las voy a tomar como un proceso de desintoxicación a lo bestia. Un tiempo para volver al autoconocimiento, para volver a establecer prioridades y prepararme para seguir siendo perfectamente imperfecta y un desastre que se organiza de pena. Para esos días que vendrán en los que parece que nada va bien y para empaparme de aptitudes de la inteligencia emocional como quererme mucho. Porque querernos a nosotros mismos con locura debería ser una obligación.
También para escribir, porque lejos de lo que muchos piensen, para mí escribir es necesario, es mi medicina, mi terapia. Cuando imagino y escribo historias me siento bien, feliz, completa. Disfruto como una niña preparando los tableros de Pinterest que me ayudarán a inspirarme, y esas listas de música que me encogerán el corazón.


Hablando de escribir. Ayer encendí el ordenador, abrí el Word y comencé Cruzando los límites #3 y el primer libro de la bilogía SDQ. Seis páginas de la primera y dos de la segunda. No imagináis lo bien que me sentía conmigo misma cuando me fui a dormir. Necesitaba recuperar la inspiración, las ganas de escribir y la concentración para centrarme solo en eso, en las historias que quiero contar. Echaba de menos hablar en voz alta con los personajes, simular los diálogos y pasearme por casa como si me faltase un tornillo, apuntando en papel de cocina las ideas que se me ocurren para no olvidarlas. Y ese  «Mami, que hace media hora que te pedí un bocadillo». ¡Pobrecitas mías!!!